Cuba: el alma entre trinos de sinsonte

Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

Pienso en Cuba y siento olor a campo fértil, y se escuchan tonadas, y la guitarra saluda en el guateque; la siguen risas, palmadas, cantos, murmullos, pueblo.

Miro mi Isla y se entrecruzan las pencas y los techos de guano que se ven desde aquel patio; los animales disputan sus espacios y el hombre en medio, sin pausas y sin desespero, sabio del entorno y de sus tiempos.

Este país respira amaneceres que solo se ven bien entre las palmas, por eso a veces en la ciudad parecen perdérsenos las horas, mientras allí, en la tierra, el hombre sincroniza su día con el de la Naturaleza, se levanta con el Sol, se dan fuerza uno al otro, y se agotan juntos luego.

La sangre del cubano tiene olor a campo, donde quiera que esté, porque nuestra raíz está al pie de ese río de tradiciones que conviven con el olor a tierra mojada; bien lo supieron entender los más grandes hombres y mujeres de esta tierra, bien lo supo retratar en sus textos El Cucalambé, nacido cuando apenas empezaba el soleado julio, 189 años atrás.

Décimas, sátiras, letrillas, fábulas y sonetos del tunero Juan Cristóbal Nápoles Fajardo lo convirtieron en voz del alma de este archipiélago que se escucha entre trinos de sinsonte.

Por El Cucalambé, por tantos otros que se hicieron testigos de un pasado perpetuo, por cada cubano que respira hoy las tradiciones campesinas, a la que ningún nacido en esta tierra queda ajeno, seremos siempre esta mezcla de cantos yorubas, voces gallegas y ritmos campesinos que nos hace ser orgullosamente cubanos.

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