Por Onelia Chaveco/ AIN
A 58 años del Levantamiento popular del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, aún deben extraerse múltiples significados de una acción que comenzaron los jóvenes y secundó ampliamente el pueblo.
De ahí parte un valor intrínseco de la epopeya, porque el hecho de sumar población civil a una iniciativa insurrecta que, en sus primeros momentos, la mayoría de los cienfuegueros no sabía a ciencia cierta qué ocurría en la ciudad, deja inferir entonces que existía un deseo general de enfrentar y derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista.
La segunda resonancia del acontecimiento confluye en la participación de jóvenes tanto del Movimiento 26 de Julio como de la Marina de Guerra subordinada al Gobierno de turno.
Ello habla bien alto de la ruptura de pensamiento y sentimiento entre las filas del Ejército batistiano, donde algunos oficiales simpatizaban con las luchas rebeldes y clandestinas.
Los asaltantes tomaron los enclaves militares más importantes de la urbe centro-sureña, entre estos la base naval de la Marina de Guerra en Cayo Loco y las estaciones de la Policía Marítima y la Nacional, donde acopiaron las armas y pertrechos.
La toma de esos puntos y el dominio de la localidad marinera por varias horas lleva a concluir que los combatientes tenían capacidad ofensiva y organizativa, al punto que el Gobierno debió enviar refuerzos aéreos y blindados para despojar a los muchachos de sus trincheras.
Esa resistencia de combatientes y pueblo es un proceso a tener en cuenta, primero por la unidad popular y por el largo tiempo que se mantuvo inhiesta.
Porque si bien los investigadores ubican sobre las 10:00 de la mañana el inicio de los ametrallamientos del enemigo a los insurrectos, a lo cual siguió la llegada de refuerzos, a las 6:00 de la tarde aún se mantenía la resistencia, con combates sobre diversos puntos del parque José Martí.
Más de 30 caídos en la insurrecta o asesinados por la sangrienta policía del régimen, muestran cuan encarnizados fueron los enfrentamientos, pero, además, puso al desnudo la catadura de los militares que luego de apresar a los jóvenes rebeldes, los masacraron.
Para el 5 de septiembre del 57, la idea del Movimiento 26 de Julio era un plan de envergadura nacional con el propósito de desarrollar diversas acciones armadas contra puntos clave.
Cierto que por falta de comunicación no se logró el objetivo general de atacar el Palacio Presidencial y el Estado Mayor de la Marina en La Habana , así como los levantamientos de apoyo en Santiago de Cuba.
No obstante, los acontecimientos de Cienfuegos tuvieron un gran impacto en el país y, sobre todo, mostraron cuán carcomida estaba la élite de poder de la tiranía, y por otro lado enardecía las ansias libertarias del pueblo cubano.
Durante el paso por allí de la Caravana de la Libertad, el 6 de enero de 1959, el líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, expresó: “Había que venir aquí, aunque solo fuera a rendir tributo a los héroes que cayeron el 5 de septiembre de 1957.” (Foto: Archivo Perlavisión)
