Por Pedro Paneque Ruiz/ Radio Cadena Agramonte.
El lunes y martes de esta semana asistí a tres matutinos de centros laborales, a algunos en busca de información periodística, y en todos el tema que centró los debates fue el desarrollo del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba durante la pasada semana.
En cada una de las citas ha sido recurrente el principio expresado por el Presidente de nuestro país, de que es imprescindible para distribuir riquezas crearlas primero, para lo cual hay que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad.
Incluso, fueron leídas partes del discurso de Raúl donde resalta que “sería irresponsable y con efectos contraproducentes disponer un aumento generalizado de los salarios en el sector estatal, ya que lo único que causaría es una espiral inflacionaria en los precios, de no estar debidamente respaldado por un incremento suficiente de la oferta de bienes y servicios”.
Y es que si el salario medio crece más rápido que la producción de esos bienes y servicios, los efectos para la economía y el pueblo serán fatales, pues llevaría a hipotecar el futuro en lo interno y externo, con una inflación galopante que destruiría la capacidad adquisitiva del salario y las pensiones.
Por supuesto, la mayor tranquilidad para el cubano medio radica en la aseveración del Primer Secretario del Partido de que “en la Cuba revolucionaria nadie quedará desamparado y no habrá espacio para las denominadas terapias de choque contra el pueblo, pues ninguno de los cambios podrá jamás atentar contra las conquistas sociales fruto de la Revolución”.
Y allí está el asunto a tratar en cuestión en este comentario. Esas conquistas apenas las mencionamos en nuestros debates. ¿Para qué, sí nos pertenecen por derecho de Revolución socialista?, pudiéramos decirnos. Pero no sería ocioso que interiormente pensáramos lo imposible que se nos haría la vida si perdiéramos esos beneficios.
Esa eventualidad está en el punto de mira de los enemigos. Es revelador que las estrategias y propuestas del Gobierno para salir adelante no se mencionen por la gran prensa, aunque sí se resalta en cintillos que no habrá aumento salarial en Cuba, a no ser en el sector de la salud, tratando de tergiversar una justa, económica e inteligente decisión.
Precisamente la estrategia socioeconómica, muy bien definida en los Lineamientos de la política Económica y Social del Partido y la Revolución, anula las irrealizables esperanzas de los yanquis y sus acólitos de retrotraer a Cuba a un escenario capitalista, y mucho les molestan las variantes para fomentar el trabajo por cuenta propia y la producción cooperativa, más allá del sector agropecuario, fórmula socialista de alcance mayor.
Las líneas de acción trazadas en el 6to Congreso del Partido y los objetivos emanados de la Conferencia Nacional, enriquecidos con anterioridad por el pueblo, dan fe con clara certidumbre, de hacia dónde se encamina el futuro cubano.
Aquí no habrá Mareas Ciudadanas como en Madrid y otras ciudades españolas, donde plataformas y movimientos sociales marcharon este domingo último bajo el lema “Por nuestros derechos y libertades, contra el golpe a la democracia. No a la represión”.
Justamente aquí en Camagüey, en julio de 1989, el Comandante en Jefe Fidel Castro alertó de lo que seríamos capaces de hacer si amaneciéramos con la noticia de la desintegración de la Unión Soviética y el campo socialista, y así fue, pues gracias a la sabia conducción del Partido, un cuarto de siglo después nos mantenemos en la pelea, con plena vigencia de las principales conquistas y avanzando por senderos de un Socialismo próspero y sostenible.
