Por Yusarys Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.
La Universidad de Camagüey cumple hoy 52 años
Una y otra vez, jóvenes alegres y atrevidos suben las escaleras, unen la noche con el día y los libros un tanto burlones, dan la bienvenida a otra jornada de estudio en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz.
Una y otra vez el seminario, el trabajo que no entregaste, la asignatura que dio dolores de cabeza y el profesor exigente. Así se repite una realidad que cual déjà vu acompaña la vida de muchos que apuestan por un sueño que termina luego de cinco años.
Y así, pasa el tiempo entre sacrificios, acciones de la Federación Estudiantil Universitaria y las confidencias en una escalera que, una y otra vez, guarda los secretos que llegadas las despedidas son el sustento de travesuras y la huella del paso por la casa agramontina de altos estudios.
Porque la Universidad no entiende de razas: se viste de negro, mulato, campesino y obrero; porque cuando se trata de amor, aflora un sentimiento que en una jornada de celebración, se multiplica en los colores de la enseñanza.
Bajo su saya tantos muchachos crecen que, aunque pasa el tiempo, los recibe con la felicidad de haber aportado a sus vidas y ser una porción de los mejores años de un ser que aún sin decir adiós agradece las alegrías, la complicidad de una institución que regala lo mejor de su tiempo para sus hijos.
Una y otra vez, los amigos se vuelven hermanos; la beca, la casa de los muchos dispuestos a ser uno solo y el aula, la familia que escogimos para tener perpetuamente que contar entre llantos e instantes insuperables.
Una y otra vez, esa madre tan camagüeyana dirá ¡abur! a los estudiantes que la saben eterna y que bautizó incluso a los que quedaron prendidos con el agua de tinajón; una y otra vez, acogerá a otros que defenderán un exquisito estado del alma y la sabrán siempre, de corazón, Universidad. (Fotos: Archivo)
