Por Lázaro David Najarro Pujol.
A veces personas desconocedoras de la realidad cubana, fundamentalmente en Estados Unidos, pueden ser confundidas en relación con algunos personajes bochornosos de la historia de la Isla. Entre esos personajes, por supuesto, está el tirano Fulgencio Batista, que pocas plumas mercenarias pretenden “rescatar”, “reivindicar” y “lavar”.
Eso solo puede ser posible en ese “paraíso” llamado Miami, caracterizado por la corrupción de los políticos y funcionarios públicos y grupos mafiosos que han transformado a esa ciudad en una caldera del diablo, como señala en su libro: Un paraíso llamado Miami, el historiador e investigador Néstor García Iturbe.
Precisamente el escritor camagüeyano Enrique Cirules, está trabajando en un tercer libro sobre la mafia en Cuba, a partir del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, lo que “… completaría una trilogía que sería un panorama de indudable valor para el conocimiento de la verdadera historia del proceso liberador de nuestro pueblo”.
“En primer lugar, cualquier nuevo debate alrededor del general Batista será de mucho interés para la opinión pública norteamericana” – dijo el autor de El imperio de La Habana -.
Batista arrastra una historia muy turbia; y cualquiera que sea la intención, el tema Batista pondrá de relieve, ahora con más fuerza que nunca, la presencia de los torturadores, asesinos, mafiosos, delincuentes y políticos corruptos que fueron acogidos masivamente en Estados Unidos, mucho antes de que Fidel Castro hablara una sola palabra de socialismo.
Cuando el general Fulgencio Batista llegó al poder mediante un golpe de Estado, yo aún no había nacido, pero a tres de mis 8 hermanos se les ponía la carne de gallina con solo escuchar ese nombre.
Mi padre era marinero y dedicó una gran parte de su vida a recorrer mundos. Si es por el color de la piel, mi familia debía tener mayor preferencia por Batista que por Fidel Castro. Solo mi abuela era realmente blanca o gallega.
En mi otrora casa en Santa Cruz del Sur, Camagüey – construida con madera de viejas embarcaciones hundidas en el litoral santacruceño –, todas las noches se reunían los mayores a conversar sobre disímiles temas: de la pesca, las aspiraciones, la Revolución, y también de Batista.
Me cuenta mi hermana mayor que los muchachos no tenían potestad para inmiscuirnos en las conversaciones de los mayores y mucho menos si se trataba del tema de los rebeldes, de la Sierra Maestra. Mi madre les decía que los niños solo podían opinar cuando las gallinas echaran pelo.
No podíamos opinar pero si teníamos orejas para oír las tantas historias de la Cuba neocolonial, de la presencia de un movimiento llamado 26 de Julio y de otros temas prohibidos. Y en ninguna de aquellas las conversaciones se escuchó ni una sola palabra favorable a Batista.
Tanto mi padre como mi madre y muchas personas en el pueblo afirmaban que Batista era un asesino, un dictador que ensangrentó al país. El viejo, apenas triunfó la Revolución, se incorporó a las Milicias Nacionales Revolucionarias.
Dos de sus hermanos ostentaban grados militares en la Marina de Guerra de Cienfuegos, esa Marina que se levantó el 5 de septiembre de 1957 en apoyo a los movimientos revolucionarios y en contra precisamente del general Fulgencio Batista.
En la dictadura de Batista se engendraron los más sanguinarios asesinos, se organizó un ejército paramilitar de criminales y torturadores bajo el mando del senador Rolando Masferrer.
En la tiranía de Batista se dio refugio a los más connotados mafiosos de América y Europa, que se hospedaban en lujosos hoteles y mansiones de La Habana.
Un verdadero imperio de asesinos y ladrones: el clan Habana-Las Vegas. Es conocido de que el General se encontraba con esas pandillas y en el mundo del juego se rumoraba que Meyer Lansky tenía metido en un bolsillo a Batista y se decía que cada cierto tiempo se reunían.
La dictadura de Batista enlutó miles de hogares del país. La patria perdió a muchos de sus mejores hijos. La lista sería interminable, pero a lo largo y ancho de Cuba están los testigos irrevocables: compañeros de lucha, madres, padres, hermanos e hijos de los jóvenes asesinados o torturados.
En el gobierno de Batista (1952-1958), ocurrieron la masacre de los 11 prisioneros de la Caobita y el crimen de Curajaya, para mencionar dos hechos en mi pueblo.
A mí, y a todos los muchachos pobres del barrio, la Revolución nos abrió las puertas y nos dio la posibilidad de superarnos. Aunque era un niño de solo cinco años cuando triunfó la Revolución, el 1ro de enero de 1959, tengo la referencia de mi propia infancia.
Vivía en una zona cenagosa en la mal llamada Playa Bonita de Santa Cruz del Sur. Muy pocas veces calcé zapatos y como ropa, jirones.
De juguetes tengo patéticos recuerdos. Esperaba los 6 de enero con la esperanza de que los Reyes Magos depositaran debajo de la cama el más simple juguete. Parece que nunca encontraron la dirección de mi casa.
Alguien me dijo jocosamente que los Reyes no tenían la culpa porque ni siquiera eso teníamos, un número que identificara mi hogar, si aquella casucha de tablas viejas de barco apenas podía considerarse un hogar.
El triunfo de la Revolución fue posible, en primera instancia, por el apoyo y la participación del pueblo humilde: obreros, campesinos, intelectuales y estudiantes.
La Revolución cubana comenzó a dar respuesta a seis puntos esenciales: el problema de la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación y el problema de la salud del pueblo, expuestos por Fidel en su alegato La historia me absolverá.
El 85 % de los pequeños agricultores cubanos estaba pagando renta y vivía bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas. Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas estaban en manos extranjeras, unas 200 mil familias campesinas no tenía ni una vara de tierra para sembrar una vianda para sus hambrientos hijos…
Salvo algunas industrias alimenticias, textiles y maderables, Cuba era una factoría productora de materias primas: se exportaba azúcar para importar caramelos…
Había en la Isla 200 mil bohíos y chozas, y 400 mil familias del campo y de la ciudad vivían hacinados en barracones, cuarterías y solares sin las más mínimas condiciones de higiene y salud; más de dos millones 800 mil personas pagaban alquiler que absorbía entre un quinto y un tercio de sus ingresos.
Además, dos millones 800 mil personas de la población rural y suburbana carecía de luz eléctrica y el 90 % de los niños del campo estaban devorados por parásitos. Esta fue la herencia que nos dejó Fulgencio Batista el 1ro de enero de 1959, cuando se marchó del país, como una rata.
Como yo era un niño pequeño antes de 1959, no soy testigo de los crímenes de Batista, pero si conozco a cientos de personas que fueron víctimas de la opresión en esa triste etapa de la historia de Cuba.
La mayoría de los más de 100 combatientes del Ejército Rebelde que entrevisté, se alzó precisamente como consecuencia de la dictadura que se implantó a partir del 10 de marzo de 1952.
Yo sólo tenía cinco años cuando triunfó la Revolución, pero he sido testigo y protagonista de las transformaciones de mi país durante más de 46 años.
Intentar reivindicar a un criminal, horriblemente salpicado de sangre, intentar reivindicar al general Fulgencio Batista, (el hombre que estaba permitiendo que Cuba fuera convertida en un Estado de corte delictivo, en el que todo fuera permisible para los proyectos del hampa norteamericana y todo fuera represión para las aspiraciones del pueblo cubano), como un actor de peso en el contexto internacional, es ofender la dignidad humana, la justicia y la verdad. (Tomado del blog Camaguebaxcuba.wordpress.com)
