Por Hugo Ríus/PL
Cada fin de semana, Duvier Gómez, un médico cubano especialista en oncología ginecológica, trabaja repartiendo la comida de un restaurante de la Calle 8 de Miami. Como él, cientos de médicos inmigrantes en el sur de la Florida trabajan en empleos que nada tienen que ver con su profesión (Fuente: El Nuevo Herald).
Claro está que la emigración es un derecho universal, cualesquiera que sean las razones que cada quien esgrima para emprender este azaroso camino o las circunstancias que entienda determinantes.
Otra cosa distinta es verse atraído por cantos de sirenas y atrapado después por la decepción, dentro de un programa de robos de cerebros, del cual al fin el diario The New York Times ha decidido dar cuenta e inclusive censurarlo como una de las expresiones de la política de hostilidad y agresión contra Cuba que debe eliminarse.
De lo prometido al hecho hay largo trecho, parece admitir -aunque con omisiones- el acérrimo diario miamense El Nuevo Herald, al explorar los frutos del Cuban Medical Professional Parole Program, contra los médicos en misión internacionalista, con afirmaciones recogidas como estas: “El país ha recibido una avalancha de médicos cubanos que están subutilizados, trabajando en cafeterías, restaurantes, manejando un taxi o en lo que encuentren”.
En entrevistas hechas a estos profesionales declaran que “aquí hay médicos que están limpiando pisos” o que “si no tienes al menos cuatro días a la semana completos” no puedes prepararte para los exámenes por la licencia médica, que por demás, cuestan, y la prioridad es ganarse la vida como se pueda, en el mejor y excepcional de los casos desaprovechados como asistentes.
Que conste que no lo afirmo yo, al The New York Times y El Nuevo Herald me remito. (Imagen: Archivo.)
