Dona tu sangre, y habrá más vidas

Por Dayana Cardona González/ Radio Cadena Agramonte.

Cada 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre, conmemoración que pretende ayudar a crear una cultura universal respecto a la donación voluntaria, considerada un acto de verdadero altruismo.

Propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en homenaje al natalicio del  biólogo austríaco Karl Landstainer, la fecha deviene merecido reconocimiento a aquellos que despojándose de algo tan preciado como su sangre, ayudan a salvar millones de vidas.

De ahí la necesidad de contar con un grupo estable de donantes habituales, voluntarios y no remunerados, como base para disponer de un suministro suficiente de sangre segura que permita aumentar la esperanza y la calidad de vida de pacientes con trastornos potencialmente mortales, así como llevar a cabo complejos procedimientos médicos y quirúrgicos.

Toda persona entre los 18 y 55 años de edad, en buen estado de salud y con un peso mínimo de 50 kg., puede ser un donante de sangre potencial; sin embargo el desconocimiento, el miedo, la falta de conciencia, limitan la existencia de un mayor número de voluntarios.

En Cuba, sin embargo, donar sangre es un acto sumamente común, y con ello no pretendo demeritar a quienes lo hacen, todo lo contrario, más bien quiero reconocer la amplitud de un programa que, como otros muchos, habla por sí mismo del humanismo y la solidaridad de la Revolución.

La extracción de la sangre a los voluntarios se realiza en nuestro país en las condiciones adecuadas, en locales con ambiente controlado y limpio; la sangre se recolecta en bolsas desechables y de calidad. Además, se cuenta con un personal adecuadamente preparado para realizar la operación.

Los cubanos hemos, incluso, donado nuestra sangre a afectados por catástrofes naturales más allá de nuestras fronteras, como al hermano pueblo de Haití, tras el fatal terremoto de enero de 2010.

Y es que para nosotros donar sangre es un gesto de conciencia y cooperación, que dice mucho de cuánto hemos aprendido a hacer y a dar a los demás, al punto de convertirnos, sin ánimos de supremacía, en salvadores de vidas. (Foto: Archivo)

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