El Benny de mis recuerdos

Por Yanais Vega Bacallao/ Radio Cadena Agramonte.

Tal vez porque me sienta en parte cienfueguera, gracias a mi familia paterna, la música de Benny Moré me es muy cercana.

Entre mis recuerdos de cada verano, aún no se me desdibujan los coloridos diseños de las cajas de discos de vinilo donde guardaban con gran recelo las creaciones del  emblemático músico cubano con su Banda Gigante.

Al ritmo de “Qué bueno baila usted”, “Cómo fue”, “Bonito y sabroso”, las tardes de los fines de semana nos sentábamos en la sala de la casa a conversar sobre la agitada vida de ese gran artista que tanto lujo y fama le atrajo al pentagrama musical autóctono. Ese que trascendió en el tiempo como el Bárbaro del Ritmo.

Fue en esas conversaciones cuando conocí de su formación íntegramente autodidacta y que sus primeros escenarios fueron bares y cafés, mediante trabajos nada estables, hasta que Siro Rodríguez, del Trío Matamoros, escuchó  aquel excelente y melodioso timbre vocal y lo convidó a unirse al conjunto. Con ellos viajó a México y tuvo gran éxito, pero luego decidió  separarse y enrumbar desde ahí su propio camino.

Cada anécdota que me contaban solo incrementaba mi respeto por ese genio musical que lo acompañó hasta el último de sus días, hace 54 años.

Me habría gustado estar  en su natal Santa Isabel de las Lajas este 19 de febrero y unirme a la peregrinación que en esta fecha se realiza hasta su tumba,  y depositar allí una rosa. Sería mi forma de rendirle honor a tanto talento.

Así le agradecería a Benny Moré por tanta genialidad musical que legó a las  generaciones de su futuro. Otros tantos como yo, que disfrutamos de su  incomparable voz, siempre armónica, melodiosa, capaz de ir de lo alegre a lo melancólico, lo lírico y lo sensual, con una gracia incomparable. (Foto: Archivo)

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