El hermoso privilegio de la maternidad

Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.

La primera vez que sentí a mi hijo mayor entre mis brazos, tuve una extraña sensación de querer repetir esa experiencia, aunque minutos antes los dolores me habían hecho jurar no volver a poner los pies en aquel lugar.

Es la fuerza increíble de la maternidad la que impulsa esos sentimientos encontrados, y te lleva a hacer cosas que nunca pensaste posibles.

En la crianza de mis hijos, el momento de lactarlos estaba entre los más sublimes. Lo que se siente al abrazar y alimentar a tu bebé es algo que solo puedes entender tú misma.

El bebé siente igual, aunque no pueda decirlo. Pero, basta mirar a sus ojos, detallar sus gestos, sentir sus caricias…

Creo que, si pudieran recordarlo, nuestros hijos nos darían las gracias por alimentarlos y abrazarlos en los primeros días suyos en el mundo.

Mucho se insiste en la importancia de la lactancia materna. Mientras permanecen en el hospital, se les exige a las madres que esta sea exclusiva pero la estancia ahí dura muy poco.

Y hay madres que abandonan la lactancia, o la acompañan con otro tipo de leche.

Ciertamente, no entiendo cómo puede alguien arriesgarse a algo así, sobre todo en tiempos de tanto calor y de enfermedades transmisibles derivadas de la propia situación climática.

Lactar a nuestros hijos es un acto hermoso y responsable, aún cuando deja huellas imborrables en nuestros cuerpos de madre.

Esa es la causa por la que muchas mujeres deciden abandonar la lactancia; aunque, por suerte, a la mayoría el instinto maternal las lleva, dulcemente, a mantenerla.

Dar el pecho es parte de la maternidad. Es uno más de los privilegios que la naturaleza decidió darle solamente a la mujer, confiada, quizás, en que solo la mujer podría aprovecharlo.

Puede ser a veces doloroso, agotador y, sí, en efecto, deja huellas para siempre.

Pero, las huellas que dejó en mi cuerpo la maternidad, no me dan más que orgullo. Son trofeos que adornan mis recuerdos de madre. (Imagen: Internet)

 

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