En las aulas se forja el futuro

Por Fidel A. Manzanares Fernández/Radio Cadena Agramonte

Septiembre tiene magia para niños, adolescentes y jóvenes cubanos. Nada más encantador para las familias de este hermoso archipiélago que los ajetreos de planchar el uniforme, alistar las libretas y encender nuevamente las baterías del conocimiento. Comienza el curso escolar para decenas de miles de almas, ávidas de aprender, experimentar, intercambiar, crecer.

Desde el próximo lunes las aulas se vestirán de gala. Una tradición que desde 1961, con la Ley de Nacionalización de la Enseñanza, ha permitido formar a varias generaciones y forjar la cultura de nuestro pueblo.

El inicio del noveno mes del año se convierte en jornada de estímulo para todas las personas con ansias de preservar el futuro de la nación, pues el desarrollo de esta depende del fortalecimiento cualitativo de la educación y la instrucción de sus hijos.

Entonces, la responsabilidad toca las puertas de todos en función de elevar la calidad de las clases y el aprendizaje de los estudiantes, no como el mero acto de llenar una plantilla o como meta de producción material; pues educar -como dijera el eminente pensador cubano, José de la Luz y Caballero- puede solo quien sea un evangelio vivo.
 
El país alista los recursos indispensables para que los círculos infantiles, escuelas primarias, secundarias y especiales, los preuniversitarios y la enseñanza del nivel superior, continúen forjando hombres de bien y de pensamiento evolutivo.

¿Que hay problemas? Sí, pero no pueden ser más fuertes que los deseos de imponernos a las dificultades; para exigir el correcto uso del uniforme escolar o hacer conciencia en los muchachos y extirpar el fraude académico.

Termina el verano y Cuba vuelve a cimentar uno de sus bienes más preciados; entonces corramos al llamado del corazón de la Pedagogía.

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