Envuelta entre los hilos mágicos del Gabo

Por Jessica Castillo Nápoles/Radio Cadena Agramonte.

Acudir a una consulta médica es molesto y tedioso cuando toca esperar para ser atendido. Esas sensaciones se duplican si se es adolescente y la energía desborda. Entonces buscamos cualquier solución que nos haga más llevadera la espera y una venta de libros se convierte en la mejor opción para el que lee con la avidez de quien quiere descubrir los secretos del mundo. El título más atrayente resulta Del amor y otros demonios. En efecto, superando al libro, ese día Gabriel García Márquez me envolvió quizás con los ardides de esos demonios que solo los genios de la literatura saben manejar, para enamorarme de su forma de narrar, de sus historias, de sus personajes.

Entre esos amores y desamores en tiempos del cólera, de quienes no tienen quien les escriba, de soledades centenarias y de tantas vidas en espacios mágicos tan comunes y a la vez distantes de toda lógica, pero donde convergen los sueños, fue creciendo y madurando esta joven definitivamente lectora.

A medida que los lazos se estrechaban me convertí en su promotora entre los amigos y luego con aquellos que llegaban a esa edad efervescente prestos a devorar cualquier lectura sugerida.

El paso del tiempo, categoría que para el Gabo adquiere variantes sorprendentes, volvió nuestra relación familiar, cercana, simbólica. Sus historias fueron el lugar a donde acudir cuando necesitaba un descanso del estudio, un refugio de la cotidianidad, un tesoro guardado para los momentos de necesaria distracción.  

Saber que ya no vive en esta existencia que conocemos me estremece, pero me atrevo a sentir su presencia en esas dimensiones otras, descritas por él. Su mundo o el de sus personajes es también el mío, paralelo si quiere, pero invariablemente presente desde el hechizo que produjo en mí la lectura de esas primeras páginas.

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