Especial ha de ser quien educa

Por Gladys Dailyn Morera Cordero/ Radio Cadena Agramonte.

Los seres humanos somos diversos y cada individualidad requiere una educación específica. Ello significa atender los intereses, las motivaciones y preocupaciones de cada uno de los niños, adolescentes y jóvenes cuyos ritmos de aprendizaje son también diferentes. Ese es el sentir de las escuelas especiales en Cuba, que este 4 de enero cumplen 58 años de creadas por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Bastan unas horas en alguno de los centros de enseñanza especial cubano para darse cuenta uno de la consagración y la profesionalidad de quienes allí laboran; de todo el tiempo que dedican a cada uno de los estudiantes, y del brillo en sus ojos cuando los saben aprendidos. 

Porque un docente motivado y preparado es condición indispensable. De ahí que resulte vital elevar el nivel profesional, la autosuperación, el trabajo personalizado sobre la base del diagnóstico y la caracterización de cada uno los alumnos de los que son responsables.

En el país, al triunfar la Revolución, existían apenas unos 20 maestros en escuelas especiales; hoy, suman más de 15 mil 270 los docentes vinculados a esa enseñanza.

Y en ese trato esmerado son responsables otros especialistas, porque si algo distingue nuestro sistema de educación especial es el estrecho vínculo con sectores clave en la formación, como lo es Salud, Cultura, Trabajo y Seguridad y Social, el INDER, y otros.

¡Cuánto puede aportar una casa de cultura, un combinado deportivo, un centro laboral cercano a la escuela; un padre o una madre, que pueden contribuir con las actividades que los niños deben realizar en sus espacios!

Maestros, psicólogos, psicopedagogos, psicoterapeutas, logopedas, rehabilitadores físicos, intérpretes de Lengua de Señas Cubana, instructores de arte, bibliotecarios, profesores de Educación Física y educadores musicales, completan actualmente el claustro profesional dedicado a la educación de las personas con necesidades especiales.

Sumar manos y corazones en este empeño es un reto, en aras de poder construir esa participación que tanto necesitamos y que, además, constituye un derecho humano. (Foto: Archivo)

 

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