Por Yusarys Benito Deliano /Radio Cadena Agramonte
Aunque sus energías ya no le acompañan como antes, y el camino se alarga por el agotamiento de los años que esconde celosamente, siempre regresa a casa junto a ella.
Esta vez no exige nada, solo la presencia de su madre y esos resabios duplicados por las nueve décadas que ella carga en su cuerpo y ya no doblegan ni su rostro arrugado, ni las canas bien peinadas.
Al fin llega a la casa que siempre será suya. Ahora le devuelve la vida, lleva algo para comer y malcría sus gustos como todavía acostumbra con hijos y nietos. La regaña aun cuando la mirada de su oponente le reclama por la autoridad robada. No hagas esto o aquello -le dice -pero sabe que no puede despojarla de esa fuerza que le regaló la naturaleza.
Le reprocha en silencio, sabe que regresan esas peleas si cambia de lugar un objeto o se atreve a "mandar" en sus cosas. Procura no levantarle la voz porque el respeto no entiende de edades ni cambio de roles.
Sabia, clara de mente y fuerte de carácter todavía le aconseja a su hija y le cuenta anécdotas como si fuese una niña. Se ríe, no es ficción que desafió esos montes con la valentía que caracteriza a la mujer cubana.
Y mientras recuerda aquellas hazañas se escucha el repicar del bastón en el suelo al tiempo que evalúa el acabado de los quehaceres.
El almuerzo está listo, pero la progenitora insiste en mejorarlo. A veces critica la sazón, pero sabe que los mejores ingredientes son auténticos: el amor y la dedicación.
La tarde cae y parece que la lluvia adelanta su visita. Le indica la hora, piensa que no quiere su compañía, pero solo evita que se moje porque ya no podrá cuidarla como en la infancia.
Termina el sábado y la semana parece dar sus últimos suspiros; sin embargo, el regreso será pronto…es el tercer domingo de mayo y como siempre, los incisivos rayos de sol y el cansancio de las anteriores jornadas alargarán el camino. (Foto: Archivo)
