Por Juan Mendoza Medina/Radio Cadena Agramonte.
Parecía que la noche del 25 de noviembre de 2016 transcurría para los cubanos con total normalidad; sin embargo, una noticia casi paraliza los corazones de quienes la escucharon, en Cuba y el mundo.
El anuncio, aunque consecuencia del ciclo natural de la vida, nunca quisimos recibirlo, y encontró durante la madrugada ojos que no contuvieron las lágrimas, y mentes a las que el insomnio les hizo recordar un nombre y una gran obra: FIDEL.
Al amanecer del sábado 26 de noviembre, otros recibían el duro impacto, y con palabras entrecortadas, el mensaje era claro: se fue físicamente un hombre, pero quedaba para siempre la impronta de un líder.
Era inevitable que los camagüeyanos, los cubanos todos, sintieran la partida de un hombre quien materializando la máxima martiana, hizo una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Mas algo quedaba claro: el dolor debía convertirse en fortaleza para no defraudar jamás su legado, y así acudimos a cientos de lugares, y con nuestras firmas inmortalizamos el Concepto de Revolución.
La tarde del 1ro de diciembre de 2016 trajo nuevamente a Fidel a Camagüey, esta vez durante su tránsito hacia la inmortalidad, por eso ambos lados de la carretera eran colmados por un pueblo agradecido que no decía adiós.
La lluvia en el occidente camagüeyano acogió al líder, y ya entrada la noche, Fidel volvía a recorrer las calles de la ciudad hasta pernoctar en el Salón Jimaguayú de la Plaza de la Revolución, y cerca de allí, en velada, su pueblo lo acompañaba.
El día 2, justo cuando hacía 60 años Fidel desembarcaba en el Granma, volvía a encontrarse con los camagüeyanos, esta vez con los de la parte oriental, donde él fomentó el desarrollo ganadero de la región.
Y parecía que Fidel se despedía de su pueblo, el mismo que lo aclamaba siempre; pero fue entonces, hace un año ya, cuando nos dejó otra gran enseñanza: había sembrado fuertes ideales entre todos, que le impedía partir.
Aún está entre nosotros. (Foto: Archivo)
