Ignacio Agramonte: guerrero de estirpe valiente y alma enamorada

Por Gelsy Rodríguez Rivero / Radio Cadena Agramonte

Algo del estratega militar, del abogado ilustre, del patriota insigne, del amante esposo, nos late en este corazón de pueblo que todavía tiene como bandera y como principal arma, aquella histórica vergüenza en la cual Ignacio confió la victoria.

180 años nos separan de su nacimiento y Cuba le sigue pariendo honores. Se lo ganó a fuerza de dignidad y ejemplo, de civismo y amor desbordados a la Patria y a su Amalia, por eso los hijos del Camagüey nos identificamos como agramontinos.

Todavía en lo potreros retumba la caballería de Agramonte con sus cargas al machete e impacta la disciplina de las tropas, por eso todavía se respira en Guáimaro su impronta del derecho a la libertad y se escucha a José Martí catalogarle como diamante con alma de beso, y hablar de su pureza y su virtud.

Por eso los jóvenes de hoy quieren casarse en la Quinta Simoni cada primero de agosto y vivir ese idilio de matrimonio que sobrevivió a la guerra, a la manigua y al exilio; por eso cabalga El Mayor con una moral de acero guiando cada batalla de estos tiempos.

Porque así, alto y elegante, sencillo y austero, con modales y educación intachables, supo entregarlo todo por la Patria, hacer los más grandes sacrificios y confiar, siempre confiar, en que a Cuba había que ganarle la independencia.

Hasta en las horas más difíciles tuvo la certeza. ¿Con qué cuentas?- le preguntan, y aquella voluntad de vencer se estremeció en el decidido impulso del convencimiento: “Con la vergüenza”.

Con la vergüenza como escudo hemos de seguir el camino, y limar todo tipo de asperezas, y burlar enemigos y ganar batallas, con audacia e inteligencia.

Eso nos enseñó el padre fundador orgullo del Camagüey, el hombre que amó más la libertad cuando conoció a su hijo, el que salvó discrepancias por el bien común de la Patria, el que compartió sueños y sufrimientos con su idolatrada Amalia, inspiración y apoyo constante, el de estirpe valiente y alma enamorada, ese del que dijo Martí que donde los hombres tenían corazón, tenía él estrella. (Foto. Archivo)

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