Ignacio Agramonte: patriota insigne de El Camagüey

Corría el año 1868 cuando el otrora Puerto Príncipe vio partir a la manigua redentora a quien por ese tiempo era uno de sus más destacados hijos: Ignacio Agramonte y Loynaz, aquel joven abogado que tempranamente cultivó una rica y victoriosa trayectoria política y revolucionaria.

Poco antes se había iniciado la guerra necesaria, en la cual Agramonte representó un símbolo del movimiento insurreccional e hizo valer sus ideales de libertad.

Ese hombre de temple y energía se ganó rápidamente el apelativo de El Mayor, sobrenombre que trasciende en la historia hasta la actualidad y que le acompañó hasta su caída en combate en el campo de batalla el 11 de mayo de 1973.

Aquel “diamante con alma de beso”, como lo llamó el Apóstol de la independencia José Martí, llenó a Cuba de hidalguía y marcó para siempre su impronta de estratega, que consagró en la reunión del Paradero de las Minas, donde se agitaron las banderas y se decidió la lucha en el siempre histórico pueblo de El Camagüey.

Prominente figura de la gesta emancipadora cubana, dicho patriota fue seguido y admirado por quienes le conocieron, y le sobraba la capacidad de mando y la destreza, pero al mismo tiempo la modestia y la voluntad de vencer.

Intransigente ante la cobardía y la traición, el audaz  jefe mambí mantuvo siempre firmes sus conceptos patrióticos, y con su heroica caballería, escribió páginas imborrables de la historia de Cuba. (Texto: Alex López Almaguer/ Radio Cadena Agramonte) (Foto: Archivo)

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