Por Juan Mendoza Medina/ Radio Cadena Agramonte.
La vida en los centrales y bateyes azucareros de Cuba constituyen una expresión de la isla en diferentes épocas, y en esas páginas encontramos también los motivos que inspiraron a las luchas libertarias hace ya más de 150 años.
Explotación, condiciones infrahumanas, esclavitud y violación de los más elementales derechos humanos eran rasgos que definían a esa esfera de la economía siglos atrás y, paradójicamente, era la principal fuente de ingreso para el país, solo que pocos se enriquecían mientras muchos morían de hambre, agotamiento físico o bajo las torturas de los mayorales.
Sin embargo, el 14 de diciembre de 1911, le nacía a Cuba un líder que se encargaría de defender las aspiraciones de ese humilde e importante sector, quizá porque conocía en carne propia las vicisitudes, y con apenas 14 años de edad, trataba de ganarse la vida machete en mano, mientras no hubiese tiempo muerto.
Jesús Menéndez Larrondo fue, sin dudas, un ejemplo de las luchas obreras en Cuba, y su incansable batallar por el pago del diferencial azucarero puso su vida en una cuenta regresiva que encontró el punto cero el 22 de enero de 1948, cuando fue asesinado por la espalda en Manzanillo, localidad de la actual provincia de Granma.
En tiempos en que se renueva nuestra Carta Magna hay que recordar al General de las Cañas como uno de los que redactó la Constitución de 1940, y su espíritu vuelve a estar presente cuando se habla hoy, en la Ley de Leyes próxima a ser sometida a un referendo, de dignidad humana, del derecho al descanso, del pago de acuerdo con el trabajo realizado y otras tantas conquistas que son una realidad en Cuba desde hace seis décadas.
Las luchas de aquel hombre negro nacido en Encrucijada vieron la victoria una década después de su asesinato, pues la Revolución se encargó de transformar la vida en bateyes y centrales, y hoy son una muestra de la obra liberadora, de justicia y de igualdad a la cual aspiraba Jesús Menéndez.
Por estos días la batalla es otra: aportar más azúcar a la economía de una nación que se enorgullece de valerosos hombres y, por tanto, en la zafra, los azucareros también se empeñan en honrar la memoria de los que un día desafiaron la muerte a cambio de un futuro mejor. (Imagen: Archivo)
