Por Rosa María Moros Fernández/Radio Cadena Agramonte.
Aledaño al hospital infantil “William Soler”, en la ciudad de La Habana, se levanta su Cardiocentro Pediátrico, institución inaugurada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 25 de agosto de 1986, y en la que miles de niños han podido recuperar la salud y con ella, la alegría de vivir, en las últimas tres décadas.
Concebido desde sus inicios para diagnosticar y tratar a los niños portadores de cardiopatías congénitas –algunas veces detectadas antes del parto, gracias a los avances técnicos y la atención que reciben las embarazadas—muchos de esos pequeños pacientes reciben tratamiento mediante cirugía, o por métodos no quirúrgicos.
Cada año son llevados a los salones de operaciones del Cardiocentro entre 300 y 400 pacientes, en tanto varias cardiopatías son resueltas mediante el cateterismo intervencionista, proceder que entre otras ventajas: contribuye a la racional distribución de los recursos disponibles, resulta menos invasivo y arriesgado, y permite la rápida recuperación del paciente.
Todo lo descrito lo suscribe la autora de este comentario, pues hace 28 agostos esa terminología engrosó el léxico familiar, tras diagnosticársele una estenosis valvular pulmonar severa al pequeño de la casa, lo que condujo a sus atribulados padres hasta la institución, que entonces contaba idéntica edad que nuestro pequeño: sólo dos años.
De entonces a la fecha fuimos testigos de historias increíbles por la anónima heroicidad de sus protagonistas y el alto nivel humano que encierran. Sin lugar a dudas, especialistas como los que laboran en ese centro, son los que prestigian la medicina cubana.
Aparte de su obvia competencia profesional, son hombres y mujeres a quienes el cansancio de largas horas de cirugía no impiden apoyar emocionalmente a padres y familiares que sufren también los errores con que la naturaleza marcó a sus hijos; los que comparten tristezas y también alegrías cuando, periódicamente, se reencuentran con sus otrora pequeños pacientes, convertidos ya en adultos saludables, llenos de alegría y útiles a la sociedad.
A la vuelta de 30 años de desvelos, los galenos del Cardiocentro Pediátrico del “William Soler” han sabido responder con creces al reclamo del líder histórico de la Revolución al momento de inaugurar el centro: “Ser capaces de ofrecer la mayor tranquilidad y seguridad a la familia y al paciente”.
Soy una de las miles de madres cubanas y de otras nacionalidades que, por siempre, agradecerá a Fidel y al colectivo de excelencia de esa institución de la Salud cubana por batallar cada día para que el prodigio de la vida siga protegiendo a nuestra infancia. (Foto: Archivo)
