Por Arailaisy Rosabal García/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.
Lo acontecido este 29 de octubre en la sede de Naciones Unidas no fue noticia; la verdad, nadie se sorprendió con el prácticamente masivo respaldo del mundo a la solicitud de Cuba de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América al país antillano hace más de cinco décadas. Y es que desde el año 1992 sucede casi siempre igual, aunque las sanciones hacia la Isla parecen no acabar nunca.
De cualquier manera, y por acostumbrados que estemos los cubanos a vencer de forma apabullante a la nación más poderosa del mundo, incluso por las armas, las recurrentes victorias en las votaciones a favor del fin del bloqueo vienen a demostrar que Cuba no está sola como muchos se empecinan en hacer creer, y alimentan el rechazo internacional a las arbitrarias políticas norteamericanas extendidas por todo el planeta.
Los antecedentes y motivaciones de lo que Estados Unidos ha dado en llamar embargo económico, para minimizar sus reales consecuencias, datan del propio año 1959, cuando el Gobierno revolucionario comenzó a aplicar una serie de medidas en beneficio de la población, y en detrimento de los intereses de saqueo de los grandes monopolios norteamericanos.
Como resultado, comenzaron a aplicarse una serie de sanciones económicas para desestabilizar el proceso revolucionario, sin el más mínimo resentimiento por los daños humanos que implicasen tales disposiciones.
Los absurdos presupuestos del bloqueo, generan afectaciones en los sectores de mayor impacto social como la Salud, la alimentación, la Cultura, el Deporte y la Educación, al privar al país de adquirir equipos y tecnologías imprescindibles para el desarrollo de estas esferas, mediante la política de dont enter del mercado norteamericano.
Es así que Cuba no puede importar mercancía de territorio estadounidense, incluidos productos farmacéuticos, reactivos, instrumental, materias primas y piezas de repuesto que se producen en grandes cantidades en ese país. Por tal razón la mayor de las Antillas se ve obligada a adquirirlos a sobreprecio, por el flete que implica la lejanía de los mercados; pero incluso la nación norteña se atribuye la prerrogativa de perseguir, congelar y confiscar estas transferencias de terceros países.
Pero, ¿qué podría esperarse de un país en el que miles de veteranos de guerra, menores de 65 años de edad, mueren cada año por no tener seguro médico, situación que se extiende a cerca de 25 millones de estadounidenses?
Está claro que las pretensiones de Estados Unidos responden a un marcado interés por doblegar al pueblo cubano y su Revolución, como vía para frustrar el sistema socialista; pero el tiro les ha salido por la culata. (Imagen: Archivo.)
