La Revolución de las mujeres cubanas

Por Mariela Peña Seguí/Radio Cadena Agramonte.

La mujer cubana es considerada un pilar en cada una de las “revoluciones” sociales, culturales, educacionales que tuvieron lugar en Cuba, tras el triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959.

Mucho habló Fidel de las mujeres y siempre defendió para ellas un lugar en puestos de dirección, y hasta en la vida militar les preservó un espacio.

De ahí su participación activa en el proceso revolucionario, testigos de las llanuras y de la Sierra Maestra, donde formaron su propio pelotón guerrillero en 1958, pese al desacuerdo de muchos oficiales.

Tras la victoria de la Revolución, las organizaciones femeninas del país fundaron en 1960 la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), con el objetivo de frenar la discriminación y promover su protagonismo en todas las esferas de la sociedad.

“Con la Revolución ha ido desapareciendo una de las formas de discriminación más injustas que había: la discriminación de la mujer, esa de la cual no se hablaba pero que estaba latente, subsistía y pesaba de una manera tremenda sobre la mujer en nuestro país”.

Así expresó Fidel en 1960 refiriéndose al lugar que ocupaba en la historia la mujer cubana.

Lo cierto es que la Revolución cubana mejoró las condiciones de vida de las mujeres en el país, y les asignó un papel completamente diferente al que habían tenido hasta ese momento.

En ese sentido, y según cifras que expone la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), en Cuba las mujeres representan casi la mitad de la fuerza laboral.

Asimismo, son más del 60 % de todos los técnicos y profesionales del nivel medio y superior, sobre todo en los sectores educacional, la salud, el científico y la industria azucarera.

Pero hay más. En la medida en que pasan los años aumenta el número de mujeres que ocupan cargos de dirección a todos los niveles, incluso en el Parlamento cubano, donde ocupan casi el 30 % de los escaños.

En Camagüey, por solo citar un ejemplo, las mujeres representan más de la mitad de los dirigentes sindicales de la provincia a todos los niveles, con importantes resultados en el sector agrícola.

Los números hablan por sí solos, y dan fe de una sociedad donde las féminas son beneficiarias directas de la voluntad política del Estado encaminada a potenciar la inclusión social, la participación e igualdad de posibilidades y oportunidades.

Sin embargo, ante las cifras pudiera parecer contradictorio que a la luz de nuestros días en Cuba, como en otros países, las mujeres continúan siendo víctimas de una cultura patriarcal heredada y socializada que arremete contra su desarrollo pleno en el proceso de transformación socioeconómica, política y cultural del país.

Por la capacidad de las mujeres para desempeñarse en diferentes roles, es necesario fomentar una cultura de equidad que complemente las relaciones entre seres humanos y la organización del trabajo entre los ámbitos de la familia y la sociedad; una cultura que no permita ninguna forma de discriminación hacia el camino de la inclusión social. (Foto: Archivo)

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