Por Indira López Karell/ Radio Cadena Agramonte
Durante décadas, Cuba ha sido la tierra fecunda donde se cosechan ricos géneros musicales, considerados hoy patrimonio de la Cultura universal, además de la cuna de emblemáticas composiciones que recorrieron el mundo e incitaron más de una lágrima.
En muchas de esas piezas, las temáticas asociadas a la mujer cautivaron a numerosos autores que, como Benny Moré, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, con elegancia y dignidad, han enaltecido la imagen imperecedera de las féminas de la isla.
Sin embargo, en la actualidad cada vez más aparecen temas musicales que presentan a las mujeres como una maquinaria sexual destinada a hacer alarde de su cuerpo y que son coreados en las calles y hacen bailar hasta el cansancio, fundamentalmente a adolescentes y jóvenes.
Dichas canciones, acaecidas ante la irrupción de ritmos foráneos, no solo van en detrimento del concepto poético y de la belleza de nuestro idioma, sino que enarbolan el machismo latente en una sociedad signada por el patriarcado.
Estas composiciones transmiten anti valores y representan una visión estereotipada, ajena a la realidad de la joven interesada por el conocimiento, de la madre entregada a sus hijos o de la anciana que aún aguarda esperanzas de vida.
Esos estribillos vulgares, concebidos en el afán de ganar popularidad, encuentran su contrapartida en los dignos ejemplos que engrandecen nuestra tradición musical y demuestran que la canción es un acto creativo.
En esta batalla de todos han de jugar un papel fundamental los medios de comunicación masiva, que en ocasiones perpetúan, quizás de modo inconsciente, la violencia simbólica hacia la mujer.
Cada quien posee total libertad para acogerse a un determinado estilo musical. No obstante, nadie tiene el derecho de lacerar la sublime imagen de las mujeres cubanas: madres, abuelas, hermanas, trabajadoras, que aunque con frecuencia enfrentan el azote de los nuevos piropos cantados, albergan el deseo de inspirar nuevamente las más hermosas melodías. (Imagen: Archivo)
