Por Yusarys Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.
El 10 de octubre de 1868 fue el día definitivo para comenzar la lucha. Por aquella fecha, Francisco Maceo Osorio presenció en la plazoleta de la Iglesia Mayor de Bayamo a un teniente coronel ibérico castigar a un niño cubano por simple travesura.
Osorio y un grupo de bayameses lograron aplacar la negativa actitud del militar español y se convencieron de que Cuba debía ser libre y soberana. Luego, en una de las sesiones de la Logia masónica, en conversación con Perucho Figueredo, ambos llegaron a la conclusión de una lucha necesaria para lograr la independencia.
Agrupados entonces en diferentes localidades del Oriente, crearon juntas revolucionarias bajo la presidencia de Carlos Manuel de Céspedes. Fue así que llegó el inicio de la única Revolución cubana.
En el ingenio Demajagua, reunidos negros y blancos, se fraguó la efeméride que hoy celebramos, a 150 años del acontecimiento, una página esencial de nuestra Historia, que nos recuerda qué somos y hacia dónde debemos ir.
Esta insurrección transmitió la energía necesaria para alzarse luego en las otras regiones del país, posibilitó que la gente de pueblo compartiera responsabilidades en un plano de igualdad, sin importar a qué clase pertenecían y ayudó a afianzar un sentimiento nacionalista.
Siglo y medio ha pasado, y el pueblo cubano asume el compromiso de nuevos retos en un contexto diferente, pero con las mismas convicciones necesarias para tomar la decisión correcta y materializarla en acciones, al tiempo que recordamos las campanas de la libertad. (Foto: Archivo)
