Por Yusarys Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.
Con 19 años de edad no se piensa en la muerte. No cuando se tienen tantos deseos de enseñar y repartir amor sin importar el lugar, sin importar que el camino por la vida sea también como el teatro y sus dos máscaras, una triste y otra alegre, para que siempre nos recuerden.
Y es así que Olga Alonso González se convirtió en inspiración para la nueva generación de instructores de arte, porque a pesar de su poca experiencia, su labor en los campos de la central provincia de Las Villas (actual Villa Clara) fue intensa y sin límites.
Estudiaba Comercio y de manera simultánea participó en la primera zafra del pueblo; en 1963 se graduó de la especialidad de Teatro, aunque destacaba como intérprete de danza moderna y amaba la literatura.
Quienes la conocieron afirman que no tenía fronteras: fue Olguita —como la llamaban familiares y amigos— quien creó campañas de buen hablar para los campesinos, los consejos populares de Cultura y ofreció a sus alumnos la oportunidad de extender las ramas del arte y, por si fuera poco, fundó bibliotecas. Una hazaña brillante.
Con 19 años nadie imagina que dejará una huella en el mundo, que un día de febrero será el paradigma de una nueva generación de instructores de arte que continúan su ejemplo y regalan conocimientos en las comunidades del país.
Con 19 años se puede cerrar el telón de la vida y se puede recibir aplausos antes de terminar la obra que soñamos, pero también se puede quedar un corazón en las montañas del Escambray, se puede ser eterna en cada instructor que comparte el sublime sentido del arte. (Fotos: Archivos de Escambray y Tribuna)
