Por Edel Blanco Duarte / Radio Cadena Agramonte
Hay hechos que, por su trascendencia, marcan la Historia de Cuba. El ataque al cuartel Moncada fue uno de ellos; esa acción cambiaría el destino de nuestro país, sería el punto de partida de una concepción de lucha, de la cual surgió el movimiento que pondría fin a una dictadura que ensangrentaba a la nación.
Aquella madrugada, Santiago de Cuba se estremeció. A los compases del carnaval se sumaron disparos de jóvenes, quienes fueron al combate y no dejaron que el Apóstol de la independencia muriera en el año de su centenario.
Muchos de los vecinos del lugar se asomaban a las puertas y ventanas para poder comprender qué sucedía. Horas más tarde, la ciudad entera comentaba que un grupo de revolucionarios, liderados por el joven abogado Fidel Castro Ruz, había asaltado varios recintos del Ejército.
El acontecimiento suscitó las más diversas reacciones, lo cual confirmaba que no pasó inadvertido para nadie. El Moncada hizo resurgir una nueva esperanza, aquella que el dictador Fulgencio Batista había borrado de la mente a muchos cubanos con el golpe de Estado de 1952.
Con los asesinatos, las torturas y el encarcelamiento de los sobrevivientes, la tiranía trataría -sin éxito- de anular el efecto que provocaron las acciones del 26 de julio en la población, sin embargo, nada impidió que la lucha continuara hasta el triunfo del 1ro de enero de 1959.
Muchas vidas valerosas quedaron en el camino para conquistar lo que hoy tenemos. En honor a ellas, los cubanos debemos salir adelante con nuevas armas, las del trabajo, únicas que nos permitirán crear una economía dirigida a la preservación del Socialismo en nuestro país.
En el recién finalizado Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, los participantes aceptaron la responsabilidad histórica de la juventud con la Revolución cubana y retomaron una vieja lección del Moncada: se ama y defiende más lo que se conquista con manos propias…
El camino es largo, pero tal y como se dijo ese día, a nosotros, las actuales generaciones, nos “ha llegado la hora cero”.
