Ogaden, pacto de sangre entre Etiopía y Cuba

Por Richard Ruiz Julién/ Prensa Latina.

Se dice que el pueblo de Etiopía es rebelde y valiente; su historia de lucha así lo corrobora, y Cuba tuvo la oportunidad de constatarlo cuando juntos derrotaron a Somalia en las arenas de Ogaden, hace 40 años.

Casi todo el mundo conoce que allí se libró una guerra, pero muchos tal vez no sepan que desde diciembre de 1977 hasta marzo de 1978, en esa región desértica se desarrolló una sangrienta contienda casi ininterrumpida, que nada tenía que ver con aquellas historias de leyendas, teñidas de romanticismo, que tanto se contaban en otras latitudes y en los libros de crónicas sobre la antigua Abisinia.

La de Ogaden fue una lucha cara a cara con la muerte, que reclamó de quienes la vivieron sangre y cerebro, una combinación que tiene mucho de real y poco de mito, aunque no deje de encantar a quien cuatro décadas después la escucha o la lee.

Aquel torcido sueño de la Gran Somalia

El entonces presidente somalí, Mohamed Siad Barre, pretendía establecer en el Cuerno africano lo que su mente idealizara como la Gran Somalia.

Fue así como Somalia arremetió de forma abierta contra Etiopía con el apoyo del Frente de Liberación de Somalia Occidental, que ya combatía en la parte de Ogaden.

Con el auspicio de Estados Unidos, Siad Barre armó un Ejército numeroso y equipado con lo último en tecnología de guerra por aquel entonces, para ir sobre unas fuerzas etíopes mucho menores en cantidad y recursos.

La invasión fue condenada por la opinión púbica internacional, sobre todo, por las fuerzas más progresistas. El avance de las tropas enemigas fue arrollador, a pesar del coraje y la firmeza de los combatientes etíopes; un baño de sangre corría por toda la geografía del Ogaden, según los sobrevivientes del suceso.

Ante esta situación, el Gobierno de Addis Abeba pidió colaboración al Estado cubano, con el cual tenía una estrecha relación bilateral.

Lo mejor que Cuba podía dar

Cuba no vaciló en apoyarles y en un muy breve tiempo, la isla inició el envío de tropas y especialistas por diferentes vías.

Con anterioridad, el entonces presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Fidel Castro Ruz, propició un encuentro entre los gobernantes de Etiopía y Somalia el 16 de abril de 1977 en Adén, capital de Yemen.

Según algunas referencias, el dirigente etíope Megistu Haile Mariam prometió negociar para mejorar las relaciones, pero más tarde Siad Barre, llevado por pretensiones expansionistas, no cumplió sus compromisos y dos meses y 25 días después, arremetió contra su vecino.

En este rápido proceso, el primer batallón de tanques cubanos llegó al frente de combate el 28 de diciembre de 1977.

Comenzó así una guerra regular de miles de hombres enfrentados con la participación de todas las armas convencionales; en ella cayeron casi cuatro mil soldados de Etiopía, porque ellos solos venían aguantando las embestidas somalíes desde hacía varios meses antes de que llegaran los cubanos.

Cuando llegó Cuba, los etíopes multiplicaron la intrepidez y el arrojo, cuentan quienes presenciaron aquel histórico tiempo, y el esfuerzo mancomunado de los dos pueblos se tradujo en un acicate; ambos se volvieron indetenibles en una ofensiva que terminó con el triunfo.

En Ogaden dejaron su vida 163 cubanos; ellos y quienes sobrevivieron lucharon por un solo objetivo: librar de explotación, miseria y hambre a un pueblo.

“Este valiente y liberador gesto de Cuba ocurre en un momento crucial de la Historia de mi país, tanto es así, que ocupa un lugar único en la mente y en los corazones de los etíopes”, refiere Bogale Tolessa Maru, quien fuera embajador de Etiopía en La Habana.

Para el diplomático, es una hermandad cimentada con sangre, cuatro meses de batallas intensas, bajo condiciones climatológicas adversas, una guerra de grandes proporciones que le costó miles de vidas y otros tantos heridos a Etiopía, pero en la cual Cuba también vio morir a sus hijos en nombre de la solidaridad y el internacionalismo.

En opinión de Bogale y de algunos cubanos que estuvieron en Etiopía, como el periodista Rafael Ramírez Fernández, director de la primera emisora internacionalista denominada Radio Tatek, se hizo con la fuerza y voluntad de un país como Cuba, que abrazó hace mucho tiempo el único principio que profesa y con el cual camina por el mundo: la fe humanista. (Fotos: PL)

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