Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.
La ciudad se vestía de colores pasteles. Lienzos de mujer inundaron la única galería del pueblo y él descubría el amor de su vida. Estaba allí, en el salón de los pintores, como viviendo aquel poema de José Martí que sabía desde pequeño. Le saltó el corazón, igual que en los versos, y no hizo más que admirarla como la mejor pintura que desborda sentimientos inexplicables.
Le cuelga el manto a los lados, se arregla el pelo y el hombre, tímido, solo piensa en la manera de atrapar su atención y recita para sus adentros:
Yo que vivo, aunque me he muerto,
Soy un gran descubridor,
Porque anoche he descubierto
La medicina de amor.
Meditó en un breve espacio de tiempo y de momento le pareció que en aquel soberbio salón ya no estaban los artistas, nadie ofrecía tragos finos, ni un curador explicaba la exposición para enseñarte cómo sentir el arte. Solo la veía a ella y como un retrato de esos que cobra vida se apoderó de todos sus sentidos.
Una melodía de fondo lo trajo a la realidad; mientras la fémina tarareaba: “(…) ¿cómo te arranco del verso dicho de memoria y te tatúo en las almas de todas las novias?”
Y en esas letras encontró la respuesta. Sabía muchos poemas del Apóstol, conocía de su vida y obra desde la escuela Primaria, pero esa noche no sería solo un héroe más, no sería esa estatua o nombre de institución, esa noche no. Hoy no valían frases repetidas.
Ese 28 de enero, el Maestro, sería amigo. Cómplice de una relación que estaba por comenzar. Y así, con la luz protectora y su pensada estrategia de conquista, caminó hacia la dama y entre sus manos delicadas dejó caer una rosa y este poema de José Martí.
Mucho, señora, daría
Por tender sobre tu espalda
Tu cabellera bravía,
Tu cabellera de gualda:
Despacio la tendería,
Callado la besaría.
Por sobre la oreja fina
Baja lujoso el cabello,
Lo mismo que una cortina
Que se levanta hacia el cuello.
La oreja es obra divina
De porcelana de China.
Mucho, señora, te diera
Por desenredar el nudo
De tu roja cabellera
Sobre tu cuello desnudo:
Muy despacio la esparciera,
Hilo por hilo la abriera.
