Por Pedro Paneque Ruiz/Radio Cadena Agramonte.
Pudiera ser el desatino de un político inconsciente que aboca su pueblo al fratricidio, o de un hombre con ansias de poder. No lo creo. Lo que está haciendo Henrique Capriles en Venezuela es seguir los dictados del amo yanqui, para retrotraer a su país al dominio de las transnacionales, a la vez que cubre las expectativas de una burguesía rancia y de una derecha recalcitrante.
El método que ya se pone en práctica es archiconocido y tiene el sello de la Inteligencia de Estados Unidos, cuño que conocemos muy bien en Cuba y toda Latinoamérica, que ha adquirido notoriedad a partir de los sucesos en Siria, donde el genocidio, enmascarado con visos de nacionalismo o de regionalismo cobra centenares de vidas, pues el terrorismo en esa región es aupado y financiado desde el exterior con el contubernio de gobiernos vecinos.
Desde fecha temprana, aún antes de la muerte del presidente Hugo Chávez, ya el candidato de la derecha, Henrique Capriles Randonsky, había viajado a Estados Unidos a una supuesta visita a sus “sobrinos” -según declaraciones-, pero que en realidad, y así lo han confirmado los más recientes sucesos, lo que hizo fue recibir instrucciones de “su tío”, sí, del Tío Sam, que ya preveía que el posible deceso del Comandante Chávez abriría el momento de nuevas acciones desestabilizadores en la codiciada nación.
Tras un cambiante proselitismo electivo con contradictorio discurso, oportunamente corregido por los campeones de la mentira electoral, en un promete pero no cumplas a lo yanqui, y un final vestido con ropas de “patriota”, el candidato de la derecha fue a las urnas para ser derrotado nuevamente, no sin antes advertir que si perdía no tendría en cuenta los resultados de los sufragios, pues no confiaba en el Consejo Nacional Electoral (CNE), ente avalado por organismos internacionales.
Claro está que en toda su labor estuvo apoyado por transnacionales de la información, o mejor dicho, de la desinformación, como la CNN, bautizada como CMM (Cadena Más Mentirosa) o por las fascistas españolas “El País”, “ABC” y “El Mundo”, además de los medios nacionales venezolanos derechistas y oligárquicos.
Tales consorcios nada o muy poco dijeron de los planes desestabilizadores instrumentados hasta con el empleo de grupos de mercenarios centroamericanos, desarticulados por las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad bolivarianos, que también ocuparon alijos de armas enviados desde Miami, donde la reacción venezolana tiene como maestros y asesores a los terroristas mafiosos de origen cubano, duchos en peripecias criminales.
Y ahí están los acontecimientos actuales; como un camaleón con poder de mimetismo para cada ocasión, el proyanqui Capriles se ha despojado de su máscara de “tolerante y demócrata” para resurgir como un irresponsable cargado de odio fascista, quien a través de la violencia ya mancha de sangre y muerte a su patria, además de alentar el terror contra humanitarios programas de salud que llevan a cabo los colaboradores cubanos.
En todo ese contexto hay que observar con detenimiento otros matices de las acciones contra la democracia en Venezuela, y es que la Casa Blanca respaldó este lunes la petición de un nuevo recuento de votos, hecha por Capriles, mientras se ha abstenido de reconocer la victoria de Maduro, en tanto el Departamento de Estado ha considerado que la revisión del resultado electoral debió certificarse antes de que cualquiera de los dos aspirantes fuera proclamado como vencedor, sin tener en cuenta que, como norma, la entidad de votación venezolana contempla en sus postulados el inmediato recuento, el cual hizo abarcando aproximadamente el 54 % de los sufragios, y arrojó más votos para Nicolás Maduro.
Por otra parte, debe estar a la mira la maniobra de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ya envió a Venezuela una delegación, en contraposición con la crítica recibida anteriormente de algunos sectores internacionales por no haber expedido un equipo de observadores que examinara el proceso electoral.
Su secretario general, José Miguel Insulza, señaló que conforme a la normativa que regula al organismo, no pueden enviar espectadores si no los invita el país que realiza los comicios; pero ahora sí desplazó a Venezuela una representación.
¿Será que la OEA, siguiendo dictados de sus patrocinadores, no quería autenticar la transparencia de los comicios en Venezuela, porque la invalidaría para intervenir en el preciso momento de la desobediencia instigada por Capriles? A fin de cuentas, sería poner freno a la continuidad de la Revolución Bolivariana, nunca del agrado de los mandantes de la desprestigiada organización regional.
A esa y otras muchas interrogantes, la vida y la experiencia de casos anteriores irán dando respuesta. No obstante, es oportuno recordar a quienes alientan la desestabilización de ese país, que la paciencia del Gobierno Bolivariano, sus Fuerzas Armadas y de las Milicias puede llegar a un límite; que Venezuela forma parte de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, y que en su mensaje por el triunfo de Maduro en las urnas, el presidente cubano, Raúl Castro, ratificó la solidaridad y compromiso de los cubanos con el hermano pueblo de Venezuela.
