Por el futuro: los pies en la tierra y la vista en las estrellas

Por Lorena Chávez Fernández/ Radio Cadena Agramonte.

Con la juventud el mundo se vislumbra como una apetitosa manzana, o quizás guayaba, según el caso más cercano a esta isla caribeña, pero la cuestión real es que devorar la fruta resulta el mayor deseo de las nuevas generaciones.

Ello se debe en buena medida a que crecimos escuchando que la vida es corta y hay que aprovecharla y disfrutarla, pero a la vez, esforzarnos por lograr los sueños, y de pequeños, no podíamos esperar a ser mayores y empezar la difícil carrera en ascenso hacia el futuro.

Así, la dicha de un contexto propicio para el máximo esplendor abrazó esta generación, donde tecnología, educación, e información se complementan como fuertes herramientas para desarrollar las habilidades si se utilizan de la manera adecuada.

Hoy los jóvenes en Cuba tienen mejores posibilidades de superarse, ser independientes, y proyectarse hacia metas más ambiciosas, todo en dependencia de su capacidad y empeño.

Sin embargo, en ocasiones, desaprovechan estas oportunidades ya sea por la desmotivación, las banalidades o las tendencias propias de la edad.

Ante el deseo de una vida exitosa, que erróneamente algunos ven sólo en tierras extranjeras, la frustración y la apatía llegan a ocupar lugar en jóvenes, descontentos con su realidad y sumidos en el dañino laberinto de querer y no poder tener, en vez de trabajar por su felicidad en el suelo patrio.

Inciden como fenómenos similares la falta de responsabilidad producto de la sobreprotección de los padres, quienes creen que hacen un favor consintiéndolos en todo sin enseñarles a valorar lo realmente importante más allá de bienes materiales.

Igualmente, la influencia de la industria cultural en esa etapa, a veces permeada de estereotipos que promueven una existencia vana, crea una brecha entre los jóvenes y los que deberían ser sus principales objetivos. 

Corresponde entonces a la familia, la escuela y la comunidad orientar y guiar al relevo generacional hacia un mañana próspero, y para ello deben  formarse como individuos útiles a la sociedad y satisfechos de sus logros.

Interesarse por sus gustos, compañías y pasatiempos, sin imponer prácticas que creen rechazo y mostrarles el diapasón de opciones hacia las decisiones correctas son pasos imprescindibles en el proceso de comprensión y apoyo a las nuevas generaciones.

El escritor Paulo Cohelo plasmó en su libro El Alquimista, que la Leyenda Personal de los hombres se les revela en su juventud, y que cuando se quiere algo verdaderamente, “todo el Universo conspira para que se cumpla”.

A eso hay que añadirle un extra: el esfuerzo y la dedicación que harán posible que los hilos del destino se muevan a favor de los propósitos, y nos hará mantenernos siempre jóvenes de espíritu, con los pies en la tierra y la vista en las estrellas. (Imagen: tomada de Internet)

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