Cada cuatro minutos, un niño o niña pierde la vida en el mundo debido a accidentes de tránsito. Además de ser la principal causa de traumatismos graves en esta población, estos siniestros representan un problema de salud pública urgente. En Cuba, según datos de la Dirección Nacional de Tránsito, los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte entre jóvenes de 10 a 19 años.
Lamentablemente, estos sucesos son muy frecuentes, especialmente porque aumenta la cantidad de adolescentes e incluso niños que conducen vehículos sin respetar las normativas del Código de Seguridad Vial. Muchos no cuentan con licencia de conducción ni cumplen con la edad mínima requerida, circulando principalmente en motorinas.
Lo más preocupante es que hay familias que permiten o incluso fomentan que menores manejen este tipo de vehículos. En algunos casos, los jóvenes insisten y los padres acceden bajo la idea de que tener motorina es símbolo de “tener estilo” o “ser parte del grupo”. Aunque la escuela esté cerca, o la salida sea para una fiesta o una simple gestión, prefieren comprar un vehículo más “atractivo” que una bicicleta tradicional.
Así, es común ver a estudiantes en su uniforme de secundaria básica transitando en motorinas o motocicletas, incumpliendo la ley y adoptando conductas irresponsables que ponen en riesgo su vida y la de otros. Entre las infracciones más comunes están el exceso de velocidad, carreras, adelantamientos indebidos, giros sin señalizar, circular en sentido contrario, juegos en la vía y la ausencia de cascos protectores.
Por si fuera poco, las autoridades rara vez están presentes para hacer cumplir las normas. Aunque no es posible contar con agentes en todas las esquinas, es evidente que el control y la exigencia son insuficientes. Muchas veces los menores transitan libremente pese a su evidente edad, y cuando son detenidos, las sanciones suelen ser superficiales o dirigidas hacia otras infracciones menos graves.
Cabe destacar que estas conductas imprudentes no solo ocurren en motorinas, sino también en bicicletas, bicicletas eléctricas, patines y patinetas. Incluso peatones corren riesgos innecesarios al cruzar calles de manera peligrosa o al jugar en la vía pública.
Por otro lado, existen jóvenes que respetan la norma, esperan la edad adecuada, se examinan y obtienen la licencia de conducción, manejando de forma responsable. Sin embargo, desgraciadamente, constituyen una minoría.
De nada sirven los spots televisivos, las campañas en radio, los reportajes en prensa o los telefilmes sobre los peligros de la imprudencia vial si cada persona no asume su responsabilidad: menores, familias, autoridades y sociedad en general. Cada accidente de tránsito es potencialmente evitable si todos ponemos manos a la obra. (Lenisbel Espinosa Pacheco/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)
