Por Dayana Cardona González/ Radio Cadena Agramonte.
Los niños son la esperanza del mundo; así los catalogó Martí, y como tal son asumidos en Cuba, un país en el que la infancia goza de muchísimos privilegios.
Hace justamente hoy un cuarto de siglo que el mundo aprobó la Convención de los Derechos del Niño como ley de estricto cumplimiento; sin embargo acá, en la mayor de Las Antillas, desde el mismísimo triunfo de la Revolución en 1959, se inició un programa de atención integral a los menores de 18 años.
El derecho a una vida sana, saludable, a una educación gratis y de calidad, es para los infantes cubanos parte de su cotidianidad, tan distinta a la de otros, signada por trabajos forzosos, abusos sexuales y la guerra.
No en vano, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia reconoce a Cuba como uno de los países que aplica con rigor y disciplina los principios de la Convención de los Derechos del Niño, al asegurarles las posibilidades de desarrollo libre y creador de su personalidad, aptitudes y capacidades.
Difícilmente exista algo más maravilloso en el mundo que la sonrisa de un pequeño, y no se disfrute cada pregunta que nos hacen, a veces fuera de lógica para nosotros, pero llena de vida y curiosidad para ellos.
Tristemente en no todo el mundo la infancia es color de rosas, y los menores de edad son obligados a trabajar o prostituirse.
Los niños son los pilares de todas las sociedades, y si no los protegemos adecuadamente, la meta de lograr un mundo mejor continuará siendo una utopía.
