Producir en tiempos de cerco

El mundo atraviesa momentos difíciles: enfermedades que no terminan de ceder, economías que tambalean. Y Cuba, en medio de este panorama, enfrenta además un bloqueo que lleva décadas apretando sus tuercas. No es un factor más; es la barrera contra la que chocamos día a día.

Por eso, cuando hablamos de producir alimentos, no lo hacemos por moda ni por consignas. Lo hacemos porque es la única manera de construir un colchón ante tanto golpe. El bloqueo nos impide importar insumos, piezas de repuesto para la maquinaria agrícola, medicamentos veterinarios y combustible suficiente para llevar la cosecha al mercado. Entonces, el campesino hace lo que puede con lo que tiene: mucha inventiva, mucho sudor y poco apoyo externo.

En este escenario, la producción local de alimentos se convierte en un acto de pura lógica. No es soberbia ni aislamiento, es supervivencia. Si no podemos traer todo lo que necesitamos desde afuera, entonces debemos mirar hacia adentro: a nuestros campos, organopónicos y parcelas. Porque un pueblo que depende de lo que llega en un barco es un pueblo frágil. Y esa fragilidad, en tiempos de crisis sanitaria y económica, es un lujo que no podemos permitirnos.

Cada semilla que germina, cada vianda que llega a la mesa, representa un pequeño triunfo frente a un cerco que no cesa. En ello, los camagüeyanos hemos aprendido a ser resilientes. No es casualidad que la provincia mantenga sus proyectos de desarrollo local, sus fincas y su agricultura urbana, porque sabemos que la comida no espera, y la salud menos.

Así que, cuando alguien pregunte por qué insistimos en sembrar lo nuestro, la respuesta es simple: porque el bloqueo nos lo exige. Y porque, en medio de un mundo convulso, llenar la olla con lo que nace en esta tierra es, quizás, la forma más digna de decir que seguimos aquí, firmes, sin rendirnos. No con odio, sino con la certeza de que el trabajo en los surcos es hoy, más que nunca, la mejor medicina. (Martha Karla Gutiérrez Pacios/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)

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