Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.
Suena el timbre, y como cada septiembre, se reúnen en el patio de la escuela estudiantes y profesores. Dos alumnas coinciden en la misma fila: una, con su lonchera de princesas y zapatillas marca Adidas; la otra, con una mochila mucho más sencilla, un par de modestos lazos en el cabello tan bien peinado, y la sonrisa ante una maravillosa experiencia.
Quizás ellas no lo notan por su corta edad y porque no entienden muchas veces de prejuicios sociales ni de la mirada inquisidora de la sociedad; pero sus padres y las personas que les rodean sí, y tienden, pues, a caer en esa terrible vorágine.
El inicio del curso escolar es una fiesta para todo padre, que orgulloso ve lucir a su hijo el uniforme y lo descubre creciendo a instantes. Pero también es una realidad que muchos sienten que el mundo se les viene encima cuando sumar el costo de los zapatos, la mochila y cuanto accesorio se requiera, se hace interminable.
Es ahí donde nace la competencia, porque como mismo a algunos la cuenta no les da, otros se creen que las aulas, los pasillos de la escuela y las áreas deportivas son sendas pasarelas.
Y aunque las dos niñas que inspiraron esta historia pudiesen no sentirse diferentes, la escena resulta otra cuando se gana en edad.
Preocupa, y mucho, las actitudes de adolescentes y jóvenes que practican con espontaneidad la idea de que vale más quien tiene más, y no aquel con verdaderos conocimientos académicos o las cualidades que definen una buena relación entre compañeros.
Toca a los maestros y a la familia orientar en este sentido. Las instituciones educativas deben reconocer a los alumnos por su desempeño escolar; allí, está la clave para estimular el estudio y la disciplina.
No puede ser permisible que al final de la etapa lectiva un alumno obtenga más calificaciones porque medie algún interés económico, como ha sucedido y tan fuertemente ha sido criticado.
Asimismo, se deben buscar alternativas para comercializar productos en la red de tiendas en moneda nacional con más calidad, una visualidad atractiva y precios asequibles para ese padre que no recibe ayuda económica del exterior y no puede por tanto pagar las zapatillas de marca o la mochila de moda.
La escuela, pues, debe ser un lugar para aprender y fomentar valores, un espacio para unir desde el alma. (Foto: Archivo)
