Por Fidel A. Manzanares Fernández/Radio Cadena Agramonte
Hay un Senado extraño decidiendo el futuro de millones de inocentes. Ya con la acertada acusación en la mesa de diálogo se disponen a atacar, pues aquellas lejanas tierras tienen demasiadas armas químicas para su gusto, y aunque no las han podido encontrar aun, saben que están ahí, en aquel “rincón oscuro”.
Tienen informantes claves en Facebook, Microsoft, Google, esos sí que no fallan; así que olviden lo que dicen Snowden, Maning o Julian Asange; los Estados Unidos de América se han autoproclamado los dueños del mundo y tienen el derecho de destruir cualquier Patrimonio de la Humanidad. Nada de eso tiene valor si la industria armamentista dicta las reglas de juego.
Siria no es de los más agraciados en los asuntos de deudas con el Fondo Mundial Internacional, ni se deja arrebatar los proyectos de desarrollo tecnológico. Pero sus agresores intentaron primero con su vecino Irán, y al no irles muy bien con sus amenazas, para seguir la desestabilización de la región quieren darse un salto con drones y portaviones por tierras sirias.
Y como nadie puede detenerlos, preparan condiciones para de un momento a otro lanzar su bandera contra el terrorismo islámico y de paso adueñarse de los recursos del territorio “maldecido”.
La ONU en estos casos actúa como especie de Poncio Pilatos: se lava las manos con frecuencia si los americanos quieren algo; y con hacerse los que quieren preservar la paz les basta. Tampoco el Papa puede con los caprichos de Washington. La Iglesia Católica está descartada.
Mientras tanto, millones de sirios buscan refugio en otras naciones, cierran las escuelas y el Ejército del país se alista para recibir a los chicos del Nóbel de la Paz, Barack, quien olvida que precisamente las raíces de los Obama tienen sus orígenes en las tierras que piensa bombardear.
Nada, que el mundo seguirá de luto en un hemisferio para que en el otro se siga consumiendo chatarra, y dejándoles las culpas al fatídico 11 de septiembre de 2001.
