Recopilación de Manuel Cano Iglesias/ Radio Cadena Agramonte.
En 1955, un joven “que dijo llamarse Alejandro” entró a un negocio de armas en el centro de la Ciudad de México. Pidió "mecanismos de acción belgas", artefactos que se exhibían en el aparador y que sólo compraban expertos o coleccionistas.
El dueño del negocio, Antonio del Conde, le preguntó tres veces lo que buscaba y al final se convenció que el joven sabía de armas, pero no lo suficiente para usar lo que compraba.
Entendió que necesitaba ayuda y decidió otorgarla. A partir de ese momento se convirtió en el proveedor de armas para el joven y su grupo, les enseñó a usarlas e incluso cedió una embarcación que recién había comprado. Desde entonces, para ellos fue El Cuate.
El barco se llamó Granma. El jefe de la expedición era aquel joven que entró al negocio de armas un año antes: Fidel Castro Ruz.
La noche del 25 de noviembre de 1956 el Granma zarpó de Tuxpan, Veracruz, al norte del Golfo de México, con 82 tripulantes a bordo.
Pasados unos minutos de la primera hora de travesía, bajo lluvia y con las luces apagadas, el yate comenzó a navegar por las aguas río Tuxpan. Debía burlar la vigilancia del faro y del puesto naval de la Marina mexicana existente en la salida al mar abierto.
Ya allí comenzaron los vientos fuertes y el batir de las olas, originando bandazos en la embarcación. De los 82 expedicionarios muy pocos tenían experiencia marinera por lo que se marearon y fueron afectados por el oleaje.
Alejados de la costa mexicana y burlando a la guardia fronteriza, encendieron las luces y cantaron con el Himno Nacional de Cuba, la Marcha del 26 de Julio y concluyeron pronunciando consignas revolucionarias.
Fidel ordenó armar a varios, por si los guarda fronteras mexicanos trataban de detenerlos. Del 25 al 27 de noviembre los expedicionarios navegaron por el Golfo de México.
En la madrugada del 28 se adentraron en el Mar Caribe y el 29 por la madrugada se ordenó prepararse para el combate, pues se acercaban dos naves sospechosas; sin embargo, eran dos pesqueros que siguieron de largo. Durante el 30 de noviembre el yate mantuvo el rumbo hacia la Isla; ese día la radio del Granma captó las noticias en las que se hablaba del levantamiento en Santiago de Cuba.
Había fallado una de las premisas fundamentales del plan táctico, que era la simultaneidad del alzamiento en Santiago de Cuba con el desembarco, para distraer a las fuerzas de la dictadura.
Batista tenía información de la salida de los revolucionarios y su propósito, y los mandos militares habían circulado la descripción del barco, con instrucciones para su captura.
En horas de la madrugada del 1ro de diciembre y cuando Roberto Roque, uno de los expedicionarios, miraba al horizonte, una fuerte ola sacudió la embarcación y este fue lanzado al mar.
Fidel ordenó detener la marcha para rescatarlo. El mal tiempo y la noche cerrada impedían encontrarlo. Muchos ya lo creían ahogado y pensaban que nada quedaba por hacer; sin embargo, Fidel ordenó continuar la búsqueda hasta que lograron salvarlo.
Una hora más tarde divisaron las luces del faro de Cabo Cruz. Enfilaron por el canal de Niquero hasta llegar a las boyas, que no coincidían con los datos de la Carta Náutica. Esto les hizo dudar de dónde se encontraban, disminuyeron la velocidad y cambiaron el rumbo.
Fidel decidió entonces dirigirse a la costa para desembarcar, y en la tarde del 1ro de diciembre informó a todos que lo harían de un momento a otro en un punto cercano a Niquero, al sur de la entonces provincia de Oriente. También dio a conocer la estructura militar que asumirían.
En una punta de mangle nombrada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas — que es donde planeaban desembarcar— encayó el Granma, lo cual obligó a adelantar el desembarco.
Eran las 06:50 horas del 2 de diciembre de 1956. Los expedicionarios utilizaron el bote auxiliar para transportar a tierra el armamento y demás materiales de guerra, pero fue tanto el peso que la pequeña embarcación se hundió.
Cada cual debió cargar lo suyo. Faltando ya sólo por bajar el pelotón de retaguardia, pasaron cerca del yate una lancha de cabotaje y un barco arenero. Se hizo más urgente el abandono del Granma y por carecer este de petróleo, no pudo escapar hacia Caimán Brac, como era la idea de Fidel.
Los expedicionarios se introdujeron en la ciénaga, de la que les costó varias horas salir. Durante la marcha abandonaron la mayor parte del equipamiento. Aunque la aviación los sobrevoló el mangle los mantuvo ocultos de la vista de los pilotos.
El 5 de diciembre, en horas de la madrugada, acamparon en un pequeño cayo de monte al costado de un cañaveral conocido por Alegría de Pío. Aunque el lugar era malo para acampar, la fatiga les obligó a detenerse y correr el riesgo.
Allí fueron sorprendidos por el Ejército que andaba en su búsqueda. Atacados desde varias direcciones y rota la cadena de mando, los expedicionarios se retiraron como pudieron en diferentes direcciones.
Sólo un reducido grupo sobrevivió a aquel infierno de plomo, fuego y muerte o asesinatos posteriores. Lograron reagruparse con Fidel y avanzaron hacia la Sierra Maestra, donde se formó el destacamento guerrillero después convertido en Ejército Rebelde, que alcanzó el triunfo el 1ro de enero de 1959 y devino núcleo de las actuales Fuerzas Armadas Revolucionarias. (Imagen: http://www.granma.cu)
