Por Arailaisy Rosabal García/ Radio Cadena Agramonte.
¿Quién ha podido resistirse a los mimos y las caricias de los abuelos; quién no ha sucumbido ante sus consejos y sus regaños, que por severos, no dejan de tener un halo de dulzura? La maternidad y paternidad doble es sin dudas uno de los momentos más disfrutables de la vida; no en vano dicen por ahí que los abuelos hacen por sus nietos lo que no hicieron por sus hijos.
Ser abuelos recompensa las vicisitudes que se avienen con la vejez, y no me refiero únicamente a la pérdida de capacidades físicas e intelectuales, sino también a las consecuencias psicológicas, como el sentimiento de inutilidad que empiezan a sufrir muchos, y las sociales, entre las que pesa el rechazo y la desidia de los demás para con los ancianos.
Lamentablemente, el abuso y el maltrato en la vejez son cada vez más comunes. Escenas de humillaciones, insultos, irrespeto, gritos, descuidos intencionales, son recurrentes en nuestra realidad.
La situación económica de Cuba ha obligado a convivir bajo un mismo techo hasta a más de tres generaciones, hecho causante de no pocos conflictos, y en los que los abuelos llevan la peor parte, pues muchas veces la familia piensa que su tiempo ya ha pasado, y no los tienen en cuenta en la toma de decisiones, incluso las más simples.
Aunque pueda parecernos una exageración, son esas formas de maltrato psicológico a quienes cursan ya la vejez, víctimas también de la llamada violencia económico-financiera, cuando pasan de ser el sostén al sostenido, y la familia usa eso como presión y chantaje.
Precisamente, con el objetivo de concientizar a la población mundial en torno a la ancianidad, la organización de Naciones Unidas declaró en el año 2006 el 15 de junio como Día Internacional de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez.
Las causas de tal problemática pueden ser variadas, desde el poco tiempo que deja la acelerada vorágine del trabajo, el cansancio, la difícil situación económica, la convivencia múltiple, la diferencia de intereses, hasta el abandono intencionado.
De cualquier manera, no deja de ser una realidad lamentable, dolorosa, criticable, que deja mucho que desear de nosotros como seres humanos, y que resulta difícil de entender cuando, según el irreversible ciclo de la vida, todos llegaremos a la vejez, aunque sea más tarde que temprano.
La gerofobia, traducida en miedo a la ancianidad, y que se refiere a todas aquellas actitudes negativas hacia esa edad; es cada vez un fenómeno más expandido entre los jóvenes, y que necesita, para ser erradicada, una visión del envejecimiento diferente a la depresión y la soledad.
Ciertamente, la vejez no es una edad dorada, ni la mejor de nuestras vidas, pero como todas, tiene sus encantos; claro, siempre y cuando quienes rodean a los de la tercera edad conviertan el hogar en un remanso y no en un sitio tortuoso.
Como decía Martí: “No hay cosa más bella que amar a los ancianos; el respeto a ellos es un dulcísimo placer”. (Foto: Archivo / Granma)
