La libertad, no esa libertad que nos hace presos en el afán desmedido de tenerla a toda costa, sino la libertad revolucionaria de pensar y hablar por sí mismas, de luchar y emanciparnos por nuestros propios esfuerzos; o la igualdad, lo más lejos posible del igualitarismo sin merecimiento, la igualdad de oportunidades, de derechos, de sueños y posibilidad de concretarlos; nos remiten a ella siempre que lo piensa una mujer cubana que no olvida su historia.
Vilma Espín Guillois, la máxima representación por muchos años y el símbolo eterno de la mujer cubana en Revolución, falleció un día como hoy, un día como hoy en que tampoco había mujer cubana que no tuviera bien distribuidos sus derechos.
La lucha ahora es de cada quien, por el respeto a lo que nos corresponde, lo mismo en sociedad o en el trabajo, que en casa, con esposo, papá, e incluso con mamá o los hijos.
Hace 17 años, cuando se nos fue, ya había hecho mucho, nos había abierto las puertas y el camino, seguidora de tantas otras mujeres emacipadas y empancipadoras que hubo en en el país, pero con una impronta indiscutiblemente propia y apoyada por la máxima dirección de la Revolución.
Las necesidades de las mujeres cubanas han crecido, crecen y crecerán, y siempre habrá luchas nuevas, como las pretendidas ahora con un programa de Adelanto de la Mujer o con cualquier conversación sin nombre que defienda la justeza en el trato a las féminas, por ejemplo, en el hogar.
El socialismo tiene al centro al ser humano y Vilma nos enseñó la justa medida, más allá de feminismos y masculinidades, para ser principalmente humanos, ser tratados y tratar a los demás como tal, basta con eso para recordarla dignamente un día como hoy. (Dania Díaz Socarrás/RCA)(Foto: Internet)
