Camagüey, 11 ago.- Alan Robock (el señor de la derecha con una medalla de Fellow de la Unión Geofísica Americana al cuello) es actualmente (y desde 1998) Profesor Distinguido del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Rutgers en New Jersey. Se graduó de Bachelor in Meteorology (Licenciado en Meteorología) en la Universidad de Wiscosin (Madison) en 1970. Posteriormente obtuvo el Master of Science en 1974 y el Ph.D. en 1977, ambos en el Departamento de Meteorología del Massachusetts Institute of Technology. Alan es un científico dedicado al cambio climático. Sus principales intereses científicos han sido la geoingeniería, los efectos climáticos de las armas nucleares y los efectos de las erupciones volcánicas sobre el clima (motivo por el cual yo supe de él gracias a Juan Carlos Antuña Marrero). Alan ha escrito alrededor de 500 artículos científicos, 290 de ellos revisados por pares.
El Dr. Robock es Fellow (que en español significa como académico, es decir persona muy destacada en una comunidad o corporación científica) de la Sociedad Meteorológica Americana (americana quiere decir de los Estados Unidos, aunque admite miembros de otros países), de la Unión Geofísica Americana (ya saben) y miembro de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (igual). El Profesor Robock ha sido editor de prestigiosas revistas de las especialidades en las que trabaja y actualmente es editor de Reviews in Geophysics (la revista más citada en las ciencias ambientales). Alan fue un activo participante del Acuerdo de intercambio científico en el campo de la protección ambiental entre los EE.UU. y la Unión Soviética, país que visitó seis veces entre 1979 y 1991. Con posterioridad ha visitado Rusia en el 2004 y el 2011. El Dr. Alan Robock es miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático al cual se le concedió en el año 2007 el Premio Nobel (igual que el monstruo Tomás Gutiérrez, también laureado con un Nobel). Como puede comprender mi amable lector por lo leído, Alan, a pesar de tener una muy extensa producción científica, no tiene nada que ver con los radares meteorológicos. Luego, mi inquieto lector se estará preguntando cómo viene a parar este ilustre científico a las páginas de mi blog Radares mirando al sur. Primero les diré que Robock ha estado siete veces en Cuba. Bueno, otros científicos norteamericanos han estado en Cuba también y yo ni los conozco; pero este, aparte de todo lo demás, es el tutor de la tesis de doctorado de mi amigo y compañero de trabajo, Juan Carlos Antuña Marrero y ya eso lo coloca al alcance de mis “radares” …
En este post deseo hablar sobre dos de los siete viajes del Profesor Alan Robock a Cuba. Quiero comentarles a mis ávidos lectores que para mí el siete ha sido un número mágico en mis viajes al extranjero. He estado siete veces en Montreal, siete veces en Caracas, siete veces en Bogotá y siete veces en Managua. OK, eso no tiene nada que ver con el tema de este post, solo que mis indulgentes lectores saben que yo desvarío frecuentemente y hablo de lo que es y de lo que no es. Retornemos a Alan Robock y el porqué de estos dos viajes a Cuba.
El Profesor Alan Robock fue de los primeros científicos, que, en estudios conjuntos con científicos soviéticos, tomaron conciencia del fenómeno que podría producirse como resultado de una conflagración nuclear entre dos países poseedores de este tipo de armamento. Aun cuando en el conflicto se usase un número limitado de bombas nucleares se producirían nubes de cenizas de una magnitud tal que enfriarían la superficie terrestre tanto como para aniquilar la vida de la especie humana, incluso la de países alejados del área de conflicto. Ellos le llamaron invierno nuclear. Alan Robock es un pacifista y un decidido partidario de que la humanidad puede y debe evitar tanto el calentamiento que provoca cambio climático, como la posible confrontación nuclear que traería funestas consecuencias. El lector interesado lea sus puntos de vista en:
http://www.huffingtonpost.com/alan-robock/human-tipping-points-why-_b_4881984.html
En agosto del año 2010, Juan Carlos le escribió a Alan y le dijo que el Dr. Tomás Gutiérrez, director del Instituto de Meteorología le pasaría invitación para venir a Cuba y que él desconocía los detalles. En efecto, unos días después, el Dr. Robock recibió la invitación de Tomás para participar en un taller donde se discutirían “los efectos ambientales del cambio climático”, sin más detalle. Finalmente, el viaje se efectuó del 14 al 16 de septiembre de 2010. Por la acogida en el Hotel Nacional y las atenciones dispensadas Alan reforzó su criterio de que el Comandante en Jefe estaba interesado en el tema de los inviernos nucleares; pero nunca pensó que lo vería en persona.
Si mi inquieto lector está interesado en el tema puede leerse la crónica escrita por el Dr. Alan Robock sobre esta visita a Cuba, abundantemente documentada con fotos:
https://climate.envsci.rutgers.edu/Cuba/
Pues sí, ocurrió lo que él no se atrevía ni a pensar, el propio Comandante en Jefe asistió a su conferencia y lo escuchó disertar durante más de una hora sobre las posibles consecuencias de una conflagración nuclear, aun en su versión más limitada al enfrentamiento local de dos países. No solo que lo escuchó atentamente, sino que conversó largamente con él y le proporcionó una cálida acogida.
Para mí resultó particularmente muy grato que tres de mis compañeros formalmente subordinados a mí en el Centro de Radares, Juan Carlos Antuña Marrero, René Estevan Arredondo y Boris Barja González fueran invitados a participar en esta actividad.
En este Taller otro de mis compañeros y mi guía científico en mis inicios, Roger E. Rivero Vega, también del Centro Meteorológico de Camagüey, fue invitado a hacer una presentación sobre la influencia del cambio climático y las conflagraciones nucleares sobre la agricultura.
De especial significado es para mí que el Dr. Alan Robock presentara al Comandante en Jefe a mi antiguo condiscípulo de la Secundaria Básica Mártires de Camagüey, destacando ante el Comandante en Jefe que Antuña fue su muy avanzado discípulo en sus estudios de doctorado en la Universidad de Rutgers. Nuestro querido y admirado director de la secundaria, Fabio Sánchez Luaces, quien fue todo un educador para nosotros, habría estado muy orgulloso. De hecho, creo que de todo el Centro Meteorológico de Camagüey solo Antuña ha tenido este honor de estrechar la mano del Comandante en Jefe y ser presentado en términos muy elogiosos por su tutor, el Dr. Alan Robock. y por eso quiero dejar constancia gráfica del momento (gracias a las fotos publicadas por Robock).
Al día siguiente de la actividad, el Dr. Fidel Castro Díaz-Balart invitó al Dr. Robock a intercambiar sobre diversos temas de posibles colaboraciones futuras y la formación de personal científico cubano. Castro Díaz-Balart resultó gratamente sorprendido por la propuesta de Alan; pero eso es tema de otro post.
Apenas transcurridos unos días del encuentro, el 21 de septiembre el Comandante en Jefe escribía una de sus habituales reflexiones, esta vez en torno al peligro de una guerra nuclear.
Un año y unos meses, el Dr. Robock fue invitado a visitar Cuba de nuevo, esta vez, formando parte de una delegación de científicos estadunidenses de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias, interesados en demonstrar la factibilidad y conveniencia mutua de la colaboración científica de alto nivel entre los profesionales norteamericanos y cubanos. Alan mismo es un fiel y destacado ejemplo de esta colaboración. Su aporte no se limitó a la formación de un científico de alto nivel en la persona de Antuña (cuyo doctorado terminó exitosamente en el año 2002), sino que se ha extendido hasta el momento actual en diversos trabajos conjuntos, reflejados en numerosas publicaciones científicas.
En esta segunda visita, el Dr. Robock vino acompañado de la Dra. Anne Thorpe de la Universidad Estatal de Pensilvania y la Dra. Olga Mayor Bracero de la Universidad de Puerto Rico. Visitaron la sede central del Instituto de Meteorología en Casa Blanca, donde Anne Thorpe hizo una presentación y tuvieron un ameno conversatorio en el Hotel Nacional. Esta vez también, Juan Carlos Antuña Marrero, René Estevan Arredondo y Roger E. Rivero Vega fueron invitados a participar del encuentro.
Nuevamente, para su sorpresa, a través del Dr. Fidel Castro Díaz-Balart (Fidelito), Alan fue invitado a una conversación con el Comandante en Jefe, esta vez en su propia casa.
Y nuevamente Fidel Castro Ruz, en persona, le dispensó un cálido recibimiento. Alan se tiró dos fotos dándole la mano, la primera normal, en la segunda Alan insistió en encorvarse para, de esta forma, dejar constancia de su admiración por la grandeza del Comandante en Jefe.
Si mi ávido lector desea conocer más sobre este segundo encuentro puede leer la crónica publicada por el propio Robock:
https://climate.envsci.rutgers.edu/Cuba2/
Como dije al principio, el Dr. Robock ha estado siete veces en Cuba. Yo no dispongo de fotos de todas sus visitas, pero les muestro un par de fotos de cuando vino al Taller por el 30 Aniversario del Grupo de Óptica Atmosférica de Camagüey con el cual ha colaborado fructíferamente.
Juan Carlos Antuña Marrero entrega diploma acreditativo a Alan Robock por su colaboración con el Grupo de Óptica Atmosférica durante más de 30 años.
Dada la tensa situación en el mundo por el genocidio del estado de Israel contra el pueblo de Gaza y por el conflicto entre Rusia y Ucrania apoyada esta por Estados Unidos y lo países europeos de la OTAN me parece conveniente terminar mi post con la Reflexión completa del Comandante en Jefe sobre el Invierno Nuclear y la Paz, que cobra hoy tremendísima vigencia.
El Invierno Nuclear y la Paz
Autor: Fidel Castro Ruz | internet@granma.cu 21 de septiembre de 2010 00:00:00
Más de veinte mil armas nucleares están en manos de ocho países: Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido, China, Israel, India y Pakistán; varios de ellos con profundas diferencias económicas, políticas y religiosas.
El nuevo tratado START, suscrito en Praga en el mes de abril entre las mayores potencias nucleares, no implica más que ilusiones, con relación al problema que amenaza a la humanidad.
La teoría del «invierno nuclear», desarrollada y llevada al nivel actual por el eminente investigador y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Dr. Alan Robock —científico modesto que gusta de reconocer los méritos de sus compañeros más que los suyos propios—, ha demostrado su veracidad.
Para ellos la única forma de evitar el uso de las armas nucleares es eliminándolas. El pueblo norteamericano, ubicado en lugar privilegiado del planeta, que le permite disfrutar los más altos niveles de vida y riquezas en el mundo a pesar de los increíbles derroches de recursos no renovables, debiera ser el más interesado en la información que le ofrecen los científicos. ¿Cuánto espacio dedican a esa tarea los medios masivos de comunicación?
La teoría del «invierno nuclear» nos ha enseñado —expresa Robock— que: «Si tales armas no existieran, no podrían ser utilizadas. Y en estos momentos no existe un argumento racional para usarlas en lo absoluto. Si no pueden usarse, es necesario destruirlas y así nos protegeríamos de los accidentes, los errores de cálculo o cualquier actitud demencial».»… las computadoras que funcionaban con modelos ultramodernos se convirtieron en el único laboratorio de elección, y los acontecimientos históricos —incluidas las ciudades arrasadas por el fuego después de los terremotos y los bombardeos en tiempos de guerra, las columnas de humo de los incendios forestales y las nubes creadas por las erupciones volcánicas— se convirtieron en las piedras de toque de las evaluaciones científicas.
La proliferación de las armas nucleares —en la que Israel, India y Pakistán se han integrado al club nuclear, y otros países, al parecer, aspiran a ser miembros del mismo—, obligó a Robock y sus compañeros a revisar las primeras investigaciones. Los resultados de estos estudios modernos, como ha sido detallado en una serie de artículos publicados recientemente, fueron sorprendentes.
Respecto a los Estados Unidos y Rusia, si bien cada uno se comprometió, en el mes de abril de 2010 en Praga, a reducir su arsenal nuclear operativo hasta aproximadamente 2000 armas, la única forma real de evitar una catástrofe climática global sería eliminar las armas nucleares.»… cualquier país que en estos momentos esté considerando la vía nuclear necesita reconocer que estaría poniendo en peligro no sólo a sus propias poblaciones sino también al resto del mundo al adoptar esta vía. Es hora ya de que el mundo piense una vez más en los peligros de las armas nucleares, y que esta vez adopte el camino hacia la paz y elimine la posibilidad de una catástrofe climática global inducida por la energía nuclear, por primera vez desde mediados del pasado siglo.»»… el uso de las armas nucleares en caso de un ataque total contra un enemigo sería una acción suicida debido al frío y la oscuridad anómalos provocados por el humo proveniente de los fuegos generados por la bomba. De hecho, se ha evidenciado que mientras más armas nucleares posea un país, menos seguro será.»
Albert Einstein dijo: «El poder desencadenado del átomo lo ha cambiado todo excepto nuestras formas de pensar, y es por ello que avanzamos sin rumbo hacia una catástrofe sin precedentes». Carl Sagan había dicho que nuestra política de armas nucleares era «un camino donde ningún hombre pensaba».
Al final de la conferencia magistral le pregunté al profesor Alan Robock: «¿Cuántas personas en el mundo conocen esos datos?» Me respondió que «muy pocas». Le añadí: «¿En su país, cuántas?» «Igual —me respondió— no se conocen.»
No dudaba que esa era la triste realidad y le añadí: «No hacemos nada con conocerlo nosotros, lo que hace falta es que lo conozca el mundo. Tal vez haya que buscar a los psicólogos para que expliquen por qué las masas no entienden».
«Yo tengo una respuesta —exclamó el científico—: esto se llama negación. Es algo tan horrible que las personas no quieran pensar en eso. Es más fácil simular que esto no existe.»
Sus palabras —durante casi una hora que empleó en la conferencia, auxiliado por gráficos, datos y fotos proyectados en una pantalla—, fueron claras, precisas y elocuentes. Por ello expresé: «¿Qué es hacer conciencia, de la cual hablamos tanto? ¿Qué es crear cultura? ¿Y cuánto los desalienta a ustedes, a los científicos, que la gente ni se entere de lo que están haciendo, cuántas horas invierten?»
Le expresé que cuando no existían la radio, la televisión ni Internet, era imposible difundir una conferencia como esa en Cuba o en el mundo. Menos aún cuando muchas personas no sabían leer ni escribir.
Le prometimos al profesor divulgar la información que nos brindó sobre la teoría del «invierno nuclear», con un lenguaje que hasta los niños cubanos de 8 años pueden comprender, de la cual sólo conocíamos un poco, a partir de nuestra preocupación con relación al estallido de una guerra global nuclear, lo que originó nuestro deber de escuchar su conferencia.
Ninguna otra época de la historia humana guarda parecido con ésta. Con seguridad, si tales riesgos no se comprenden por los que toman decisiones desde las alturas del inmenso poder que la ciencia y la tecnología han puesto en sus manos, la próxima contienda mundial será la última, y transcurrirían, tal vez, decenas de millones de años antes de que nuevos seres inteligentes intenten escribir su historia.
Quiso el azar que, ayer lunes 20, recibiera la noticia de que con retraso de varias horas, por causa de los ciclones, al amanecer del día 21 arribaría al Puerto de La Habana, procedente de Islas Canarias, el crucero de «Peace Boat», la Organización No Gubernamental Internacional con Estatus Consultivo Especial ante la ONU que desde 1983 organiza viajes globales para la promoción de la paz, los derechos humanos, el desarrollo justo y sostenido y el respeto por el medio ambiente; la Organización, en 2009, fue nominada al Premio Nobel de la Paz por su campaña global para prevenir la guerra.
En carta que me dirigió el fundador y director del «Peace Boat», Yoshioka Tatsuya, a través del jefe del colectivo de visitantes Nao Inoue, expresa: «Nuestra organización ha venido trabajando por años, recientemente en colaboración con países del ALBA. […] que expresan claramente el compromiso con la abolición nuclear, la prohibición de bases militares extranjeras y la resolución pacífica de controversias internacionales […] Japón, como es de su conocimiento, único país que ha sufrido un bombardeo atómico, mantiene aún hoy una Constitución pacifista que, a través de su artículo 9, renuncia formalmente a la guerra y prohíbe el uso de la fuerza en las disputas internacionales.»… tema de especial interés en nuestro activismo es la remoción de bases militares extranjeras, una situación presente en Japón y diversas partes del mundo, considerando que bases extranjeras como las existentes en Guantánamo y Okinawa causan daños ambientales irreversibles y fomentan la guerra en lugar de la paz mundial.»»Peace Boat» ha organizado, incluyendo este, 70 viajes alrededor del mundo desde 1983, con la participación de no menos de 40 mil personas que han visitado más de 100 países. Su lema es «Aprende de las Guerras Pasadas para Construir un Futuro de Paz».
En 20 años, su barco ha visitado 14 veces nuestro país, venciendo obstáculos y escollos impuestos por Estados Unidos, promueve campañas de significativos donativos para los sectores de educación y salud fundamentalmente.
Están presentes en los numerosos foros internacionales y encuentros de solidaridad con Cuba. Son amigos verdaderamente probados de nuestra Patria. En mayo de 2009, la Organización fue condecorada con la Orden de La Solidaridad que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, a propuesta del ICAP.
Fue para mí un gran honor recibir la invitación de reunirme con una representación de los visitantes, y les propuse hacerlo, con el máximo posible, en el Palacio de las Convenciones. Hicieron uso de la palabra el Sr. Nao Inoue, y la sobreviviente, Sra. Junko Watanabe, que tenía sólo dos años de edad cuando la primera bomba atómica fue lanzada sobre la ciudad de Hiroshima. La niña se encontraba con un pequeño hermano en el patio de una casa a 18 kilómetros del punto donde fue lanzada la bomba, que hizo desaparecer la mayor parte de la ciudad, mató instantáneamente más de 100 mil personas y ocasionó graves daños al resto de los habitantes.
Ella narró sus dramáticos recuerdos cuando años más tarde fue conociendo las imágenes y los detalles de aquel hecho, que tantos sufrimientos ocasionó a tantas personas inocentes que nada tenían que ver con aquel brutal ataque. Fue un acto deliberado para aterrorizar al mundo con el uso innecesario de un arma de exterminio masivo, cuando el imperio japonés estaba ya derrotado. Se lanzó, no sobre una instalación militar, sino sobre un objetivo civil indefenso. Las imágenes divulgadas sobre aquel horripilante crimen no expresan lo que la voz de Junko Watanabe nos contó sobre los hechos. La ocasión fue propicia para exponer nuestros puntos de vista, y contarles a nuestros amistosos visitantes japoneses, luchadores por la abolición de las armas nucleares, las bases militares y la guerra, el esfuerzo que nuestra Patria lleva a cabo para evitar un conflicto nuclear que puede poner fin a la existencia de nuestra especie.
Septiembre 21 de 20107 y 12 p.m.
(Texto y fotos: Orlando L. Rodríguez González/colaborador de RCA, tomado del Blog del autor: Radares mirando al Sur)
