Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.
Por estos días, muchos son los poetas, escritores y periodistas que te dedicarán su mejor verso, el arte de la palabra. Y yo, hija tuya, nacida entre estos dos ríos legendarios, decidí sumarme a ellos y regalarte las líneas más sinceras en esta Semana de la Cultura, que ya concluye.
A ti dedico esta composición, porque en esta vieja comarca de pastores y sombreros me hice periodista en la primera Universidad fundada luego del triunfo de la Revolución cubana. A ti, que eres cómplice eterna de mi pereza y me prestas tus callejones cuando debo llegar temprano a un sitio. No me quejo por tus laberínticas calles, al contrario, disfruto desafiar cada uno de esos rincones que te hacen única y majestuosa, como tus iglesias.
Porque no importa la distancia, ni los viajes que realice por montón. Te quiero bella, alegre, conservadora y viva a pesar de tus años. Te quiero triste y melancólica, con tus luces amarillas y las calles mojadas por la lluvia que te bendice discreta.
A ti, porque aquí amo, sueño y creo que nos podemos plantear nuevas metas. Porque tus adoquines son nuestros y de todos los que te visitan. Porque puedo decir con orgullo que tengo dos gentilicios y uno de ellos heredado de la vergüenza de Ignacio Agramonte.
Porque sufro si sufres y gozo tus jolgorios con una gran conga camagüeyana en días de San Juan. Solo para ti, que eres mi razón de ser, mi mimada ante los forasteros que no confían en tu agua de tinajón; sin embargo, los atrapa la magia de tus habitantes que hoy merecen respeto por la constancia en sus profesiones.
A ti te escribo y agradezco infinitamente, porque sin ti no hubiese aprendido a querer el Patrimonio, la ciudad que vivo como la mayor casa. A ti, por ser mi Camagüey y mi amor eterno, te doy mi prosa como un pequeño regalo por los 505 años.
Ciudad entre campanadas,
fuego de barros cocidos,
patriotas enardecidos
y leyendas heredadas.
Las calles enrevesadas
del añejo adoquinado
nos devuelven un pasado
que dibuja al horizonte
a Amalia con Agramonte
en cortejo enamorado.
Ciudad musa que engalana
a creadores inmensos,
desde Fidelio y sus lienzos
hasta los gatos de Ileana.
Aquella fecha temprana
del Espejo de Paciencia
se trasluce en la sapiencia
de la Tula y de Guillén
y en pentagramas que ven
melodías en tu esencia.
Aún las raíces están
desde el hablar bien cuidado
al patrimonio legado,
el ajiaco y el San Juan.
Los camagüeyanos van,
cual pastores y sombreros,
hacia nuevos derroteros c
on la vergüenza al andar
y prestos a celebrar
505 febreros.
César Alejandro Moreno
(Foto: Archivo)
