Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.
Personalmente, nunca he soportado el hábito de fumar y procuro mantenerme alejada de los fumadores, porque conozco el daño que puede causar el humo del cigarro ajeno.
Pero la vida, que da tantas vueltas, a veces puede sorprendernos.
De tal suerte y, aunque he tratado de educarlos alejados de los cigarrillos, ahora que ya son jóvenes, mis dos hijos fuman.
Criados en un ambiente en el que prácticamente no han tenido que convivir con ningún pariente fumador, ellos no pudieron abstenerse de ese hábito cada vez más común entre los jóvenes camagüeyanos.
Según los especialistas, en esta provincia se reportan mucho más jóvenes que se inician a edades cada vez más tempranas, con predominio de las muchachas.
Los expertos aseguran también que, aunque la mayoría de los adolescentes y jóvenes fumadores no lo hace en sus hogares, puede ser en la familia donde se sientan las bases para que ellos comiencen a fumar.
Y muchas veces los padres nos preocupamos por resolver sus necesidades materiales y nos olvidamos de educar su espíritu.
Lo cierto es que nuestros hijos van adquiriendo poco a poco algunas costumbres del grupo de jóvenes en que se desarrollan, y terminan plegándose así al gusto de los demás para poder adaptarse e incluirse.
Este es un error que muchos cometemos cuando somos jóvenes, y que luego puede pesarnos toda la vida.
De momento, en lo personal espero que cuando pase su adolescencia, pase también para mis hijos el feo y peligroso hábito de fumar.
Mientras tanto, no me cansaré de repetirles, una y otra vez, que el cigarro no los hace ni más hombres ni más atractivos.
El cigarro solo los convertirá en hombres cada vez menos libres.
