Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.
El amor es el principio de todas las cosas, la razón de todo y el fin de todo… Jacinto Benavente decía que al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego, para no ver los obstáculos; con alas, para salvarlos.
El actor mexicano Mario Moreno, conocido popularmente como Cantinflas, resumió el amor con sabias palabras: Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, vosotros amáis, ellos aman. Ojalá no fuese conjugación sino realidad.
Y es que enamorarse es uno de los sentimientos más hermosos que se puede experimentar en la vida.
La humanidad guarda, entre sus más preciados recuerdos, las historias de amor. Amores reales, de literatura, imposibles, otros que hicieron cambiar el curso de los acontecimientos… grandes amores al fin y al cabo.
La Malinche y Hernán Cortés, por ejemplo. Ella, recordada por los mexicanos como una traidora, al servir de traductora, consejera, intermediaria y sobre todo amante de Hernán Cortés. Todavía su amor de debate entre mito y realidad.
Cleopatra y Marco Antonio tienen una de las más célebres historias de amor. Él había solicitado ver a la reina egipcia, famosa por su belleza e inteligencia, para humillarla; pero la vida apostó en contra y terminó rendido a sus pies.
Un amor rodeado de traiciones, ambición, pero sobre todo, de una absoluta entrega que duró 14 años. Tanto así, que cuando Marco Antonio recibió la falsa noticia de la muerte de Cleopatra decidió quitarse la vida. Al enterarse de este horrible suceso la reina egipcia se envolvió en hermosas sedas y se suicidó; y así trascendió la leyenda sobre su magnífica pasión.
El amor de John Lennon y Yoko Ono nació y terminó en la controversia. Con la muerte de Lennon se apagó la luz de uno de los más grandes músicos que ha dado la humanidad, pero siguió latiendo la complicidad entre ambos, abanderada de un mensaje de paz para el mundo.
Unidos por la investigación y el amor por la física, Marie y Pierre Curie, dos de los científicos más brillantes de todos los tiempos, compartieron una vida de entrega a la ciencia.
Sin duda alguna, estas historias no solo sorprenden por la popularidad se sus protagonistas, también por la exclusividad del amor que los unió.
De cualquier forma, pese a los criterios de veracidad en algunas de ellas, son recordadas por generaciones, porque el amor en todas las épocas, sigue siendo la cura de todos los males.
Nos llega desde la Antigüedad la costumbre de adorar al Dios del Amor, Eros para los griegos y Cupido para los romanos, y dedicarle ofrendas y regalos para recabar su auxilio en la búsqueda de la pareja ideal.
En Gran Bretaña se empezó a celebrar el Día de San Valentín alrededor del siglo XVII, y ya en el siglo XVIII enamorados y amistades de todas las clases sociales se regalaban notas, postales y pequeños obsequios, una costumbre que se extendió a otras tierras con sus propias características. En Hispanoamérica fue adoptada la fecha como el Día de los Enamorados, en el siglo XX.
Con el transcurso del tiempo, el Día de los Enamorados se fue convirtiendo en Día del Amor y la Amistad. Y llega hasta hoy con viejas y nuevas tradiciones. Algunos lo consideran un día para regalar tarjetas y postales. De hecho, esa es la costumbre más generalizada en el mundo.
Y hay quienes no pueden hacer regalos, pero también se las ingenian para hacer de este un día especial. Tan especial como el sentimiento que celebra.
Alguien se quejaba de lo difícil que es el amor.
“Cuando amas, no te aman, y además, corres el riesgo de sufrir”, decía.
Yo, que soy una romántica sin salvación, le dije que no ser amado es una simple desventura, pues la verdadera desgracia es no amar.
El amor, que llega casi siempre de la forma menos pensada, que cuando más se busca, menos se encuentra…. El amor, sigue siendo la mayor dicha de un ser humano.
Con amor nos salvamos y salvamos a los demás. Con amor somos felices y nos sentimos vivos. Yo, romántica insalvable, sigo pensando que el amor siempre valdrá la pena. (Foto: Internet)
