Adelante, desde donde se eterniza El Camagüey

Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

Manuel llegó hace unos minutos del trabajo, se sentó en su balance del portal y la más pequeña de la familia fue a llevarle las tres cosas que le hacen sentir que está en casa: un vaso de agua, sus cómodas chancletas y el periódico.

Ha tenido un día difícil, un día de esos en que van y vienen los asuntos por resolver, pero antes de encerrarse en sí mismo, prefiere sentir que vive en esta tierra, entre seres humanos que a diario hacen cosas importantes, dignas, admirables, sentir que le pertenece su ciudad, su provincia, su país.

Va entonces al encuentro de tantas historias, de vidas que no lucran renombres ni títulos, sino manos llenas de ganas, embarradas de trabajo y sujetadas por los sueños de otros que, como él, también tienen días difíciles, por eso quiere saber de ellos, para sentirse allí, en medio de las letras que dibujan a un pueblo de verdad.

“Adelante” lee, y sigue el buen consejo. El rojo y el negro de la primera plana le recuerdan los tiempos de otras luchas que terminaron en victorias. Desde aquel feliz enero, Adelante va de la mano con la Historia de la nación que ha visto construir. Él piensa en sus batallas de hoy y confía en el triunfo una vez más.

No imagina Manuel ese espacio de sillas, mesas, computadoras y humanos, sobre todo. Es allí donde se tejen las cuartillas que ahora pasan por sus manos y que surgieron antes, mucho antes.

Las palabras nacen con esa gente que suda, que piensa, que sueña, que construye y espera allí, hasta que llega el reportero para descubrirlas, ese que eligió revelar páginas nuevas cada día, por él y por la historia de su pueblo, por los que un día buscarán los “escritos de la época” y nos conocerán entonces desde las entrañas del papel.

Una vez tomadas de allí, del sitio de los hechos, del hogar de la gente, anécdotas y perspectivas acompañan al periodista de vuelta a la Redacción, y desde la complicidad de un secreto compartido, al fin llegan los textos.

Pasarán por manos y ojos atentos de los correctores y por el tamiz de los diseños; nunca solos, los acompaña la imprescindible imagen, la visión de un lente que piensa, que recrea, que construye también personajes y escenarios desde las verdades que conoce día a día.

Tiene por fin un rostro lo que antes fuera anonimato, y la satisfacción del deber casi cumplido da fuerzas para esperar al sábado que sigue, a la reacción de todos, del protagonista de una página o de quien, como Manuel, se siente parte de esa vida común que nos regala un equipo de trabajo permanente, de empeño diario, de un quehacer que perdura más allá de los segundos, del aire, de las vidas.

Así es cada semana, cada día, cada hora en este semanario que eterniza el Camagüey que respiramos a nuestro paso por los siglos.

Así lo leen Manuel, Angélica, Dayana, Javier, usted. Así lo vemos todos, como a la obra de arte que se mira sin conocer al artista, pero empezando a descubrirlo en cada uno de sus detalles.

Estará así muchos años aún, aunque cambie el mundo, por quienes palpitan por los testimonios de su gente.

Ya no serán los mismos rostros, las mismas firmas, pero será siempre el pretexto, para desde lo que fuimos, ser hoy y andar hacia Adelante.

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