La Policía del pueblo festeja 59 eneros

Por Arailaisy Rosabal García/ Radio Cadena Agramonte.

Los días iniciales de cada año tienen en Cuba más de una significación. A la llegada del nuevo calendario, que supone siempre nuevos sueños, buenos deseos y no pocos retos, se suma para los de esta isla el júbilo por otro aniversario de la Revolución cubana, esa que llegó hace ya 59 años para cambiarnos la vida para bien; esa que el pueblo recibió en caravana en la primera semana de enero y rememora año tras año.

Justo el día en que los barbudos con Fidel al frente, salían de tierras camagüeyanas para continuar su periplo por toda Cuba, acontecía otro importante hecho para la Historia de la entonces naciente Revolución: la creación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).

Al triunfar la Revolución, muchas cosas debían cambiar inmediatamente en el país. Una de ellas, por supuesto, era la Policía, que durante la dictadura de Batista había sido cómplice del régimen y representaba la corrupción en todas sus dimensiones.

Fue así que una de las primeras tareas que se dio la nueva dirección del país fue borrar la desprestigiada imagen de aquella Policía, y en su lugar, fundar un órgano heredero de las tradiciones de lucha de los mambises y del Ejército Rebelde, que cumpliera con la tremendísima misión de salvaguardar el orden, la disciplina y los intereses económicos del Estado.

Así ha sido durante casi seis décadas. Desde su nacimiento, la PNR ha ofrecido seguridad y tranquilidad a los ciudadanos, ha acompañado al pueblo en todas y cada una de sus transformaciones sociales, y ha sido, además, protagonista indiscutible del día a día.

Quién, de niño, no preguntó alguna vez a un policía si era su amigo; quién, en la infancia, incluidas las niñas, no jugó al policía y al bandido, y se disputaba ser el apresador y no la presa; quién, de pequeño, no quiso ser cuando grande policía y sentirse el héroe de mil batallas.

Sin embargo, esa imagen paradigmática desaparece con el tiempo para muchos, y aunque uno sigue respetándola, confiando en ella y agradeciéndole el cuidado, seamos sinceros: quién no se ha molestado cuando un agente del Orden Público lo para en la calle y le pide el carné de identidad, o cuando lo requiere por dañar la propiedad pública, o ante una infracción de tránsito lo detiene. Esas son lamentables realidades de nuestro día a día, y digo lamentables porque por insignificantes que parezcan, mancillan.

Bien que nos gusta saber que tenemos a la Policía allí para cuidar las calles en la noche, bien que con toda la razón que nos asiste nos molesta no encontrarlos a tiempo en cada lugar que se les necesita; bien que nos sentimos con el derecho de censurar su trabajo cuando una ilegalidad trasciende tiempos y espacios.

En el mundo entero la Policía es un órgano represivo; cierto que la prevención ha sido bandera en una sociedad como la nuestra, marcada por bajos índices de violencia, por la tranquilidad y la seguridad ciudadanas; pero ello no le quita autoridad. Y además, si a lo que aspiramos es a una sociedad más justa y sana, lejos de molestarnos ante el llamado oportuno, deberíamos agradecer la preocupación.

Hoy existen escuelas especializadas para la formación de los agentes del Orden Público —con un programa que incluye cerca de 20 asignaturas—, a las cuales  se llegan después de un proceso de rigurosa selección en el que se analizan los valores, conducta, aptitud y ejemplaridad de los aspirantes, quienes deben tener vencido el 12º grado y ser menores de 35 años de edad.

Si algo tienen claro quienes integran hoy las filas de la Policía Nacional Revolucionaria, es que con su actuar le otorgarán más prestigio a este órgano, y viven orgullosos de saberse los centinelas de todo un país. (Collage: Redacción digital RCA)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *