El canto de la Patria

Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.

Los hijos de Céspedes, de Martí, de  Fidel, siempre han defendido con el pie en el estribo y el machete desenfundado la libertad y la Cultura cubanas, abonando raíces con reveses y victorias frente a los infortunios injerencistas coloniales e imperialistas.

En harapos —pero libre—, la tropa multicolor de Carlos Manuel de Céspedes luchó y gritó en Yara por la independencia de toda la Isla, frente a un Ejército colonialista español que superó a los rebeldes. Mas no cejaron: el 20 de octubre de 1868, en Bayamo, con el Padre de la Patria al frente, hicieron rendirse a los invasores, y ese día tuvo letra y fue cantado el himno escrito por Perucho Figueredo y orquestado por el también patriota cubano Manuel Muñoz Cedeño, en la ciudad cuyos habitantes prefirieron quemar antes de entregarla al enemigo.

Fue larga la lucha contra el colonialismo y finalmente el Apóstol de la independencia, José Martí, logró consolidar la unidad con la astucia y experiencia de los jóvenes primeros de La Demajagua  y Las Clavellinas, con los valerosos mambises de la Guerra de los 10 años: Máximo Gómez, Maceo, Agramonte… y los de su generación del Partido Revolucionario Cubano.

Y cuando la independencia hecha Himno de Bayamo debió escucharse nuevamente en Santiago de Cuba, los marines estadounidenses en 1898, tras la ausencia física de los grandes combatientes de la Patria, le arrebataron la libertad a los cubanos con el pretexto de la “voladura” del acorazado Maine, manido ardid de Estados Unidos para intervenir  militarmente, como hoy lo hacen en cualquier país del mundo a costa de las Torres Gemelas del 11 de septiembre el 2001, las “armas de destrucción masiva” en Iraq, las “químicas” inventadas en Siria, o la descarada patraña sónica de la embajada USA  en Cuba.

Bolívar y Martí —quien vivió en el monstruo y conoció sus entrañas—, lo advirtieron, y “parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su Centenario” cuando Fidel y los jóvenes de aquella generación estremecieron  una de las mayores fortalezas militares del tirano Batista, precisamente en Santiago de Cuba, donde no pudieron entrar los mambises triunfantes del ’98. Y vinieron el Granma, la Sierra Maestra y la unidad del llano para continuar la lucha y alcanzar la definitiva independencia de Cuba, el 1ro de enero de 1959, tras una épica contienda que inició Céspedes aquel 10 de octubre de 1868.

En el centenario del comienzo de la única gesta independentista de Cuba, Fidel sentenció: “Nosotros entonces hubiéramos sido como ellos; ellos hoy hubieran sido como nosotros.”

El 22 de agosto de 1980, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de la República de Cuba acordó declarar el 20 de octubre como Día de la Cultura cubana, para rendir tributo anualmente al relevante hecho que significó entonar por vez primera el Himno Nacional, “símbolo en que se entrecruzan el sentimiento de amor a la patria y la decisión de combate, la expresión artística de ese acto cultural por excelencia en que el pueblo afirma y conquista su identidad plena, la guerra libertadora.”

Hoy, ante las adversidades naturales y frente a las amenazas imperialistas que se arrecian con el bloqueo y la permanencia de la base naval de marines en contra de la voluntad  del pueblo de la Isla, dondequiera que hay un cubano digno, el canto de la Patria enaltece cada victoria, como lo hizo en el Bayamo insurrecto. (Imagen: Archivo)

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