En la infancia, la esperanza del futuro

Por Indira López Karell/Radio Cadena Agramonte.

La infancia constituye la etapa de la vida definitoria en la formación de la personalidad de los seres humanos, que reclama de afectos y una dedicación especial.

Es este, el período de los aprendizajes, de la adquisición de hábitos y habilidades que luego perdurarán por siempre; de ahí que los cuidados básicos, las relaciones interpersonales, el acceso a la educación, la salud, la cultura y el sano esparcimiento representan derechos inalienables.

Sin embargo, en no todos los contextos los más pequeños gozan de tales garantías, recogidas en la Convención para los Derechos del niño desde el año 1989.

Datos arrojados por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia señalan que en la actualidad más de 600 millones de niños y niñas viven en la pobreza; cerca de 400 millones están obligados a trabajar; más de dos millones son obligados a ejercer la prostitución, y un altísimo número muere a consecuencia de enfermedades, o son víctimas del tráfico de personas.

La preocupación por el bienestar, la fraternidad y los derechos de los niños y niñas constituye una máxima en el Estado cubano, idea que cobró fuerza tras el triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959.

Así, la existencia de diversos instrumentos jurídicos que amparan los derechos de los más pequeños es una prioridad en nuestro país, avalado en la Constitución de la República de Cuba, la Ley de Maternidad a la trabajadora, el Código de Familia, el Decreto Ley de los niños sin amparo familiar, el Decreto ley que se refiere a la atención a los niños con problemas de conducta, entre otros.

Además del acceso gratuito a la salud, la educación, la asistencia social, la cultura y el deporte, la sociedad cubana muestra gran preocupación por el sano esparcimiento y la realización personal de sus infantes.

Cada 1ro de junio celebramos el Día Internacional de la Infancia, una jornada para meditar en el futuro, en la alegría contagiosa de los que saben querer, en esa esperanza a la que nuestro José Martí le confió el mundo. (Foto: Archivo)

 

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