Por Edel Blanco Duarte/ Radio Cadena Agramonte.
En Cuba, la conmemoración del natalicio de José Martí constituye una tradición bien enraizada. Desde pequeños, los maestros nos enseñan a querer más allá de las palabras a aquel hombre convertido en Apóstol de la independencia, cuyo legado trascendió su tiempo y caló profundo en todo un pueblo.
Continuar el testamento político-ideológico de nuestro Héroe Nacional es un deber que tenemos los cubanos. Ser martiano significa hacer en cada momento lo que las circunstancias y el tiempo impliquen, sin importar los obstáculos y complejidades de las tareas; es entregarse en cuerpo y alma a la causa que defendemos; es responsabilidad y humanismo.
El pensamiento de José Martí constituye una fuente teórica y práctica que nos guía y alienta a ser partícipes en todas las transformaciones que se acometen hoy en el país, fundamentalmente en el terreno económico y social, para consolidar nuestro Socialismo.
Más allá de nuestras fronteras, el legado intelectual del Héroe Nacional es también referente moral y político. En un entorno signado por las oligarquías nacionales, al conservadurismo, la desigualdad, las ideas del más universal de los cubanos inspiran a quienes creen en la consecución de un mundo mejor.
De igual manera, y ante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se impone estudiar al detalle las obras de Martí y asumir el antiimperialismo como esencia de nuestra cotidianidad.
Consciente estamos de la intención de Estados Unidos de cambiar sus tácticas para tratar de apoderarse de nuestra Isla; ello nos obliga también a actuar con mayor astucia, a darlo todo por la integridad e independencia de la nación. No podemos dejarnos engañar por los cantos de sirena de quienes defienden una sociedad de consumo capaz de extinguir la vida en el planeta, y que nuestro Martí conoció de cerca.
Una meta a la que tenemos que intentar llegar para salvarnos y salvar a otros; eso es y deberá ser siempre José Martí para nosotros. (Imagen: Archivo)
