Rubén Martínez Villena: la gloria conquistada

Por Liset Fernández Torres/ Radio Cadena Agramonte.

La estela resplandeciente del intelectual, revolucionario y poeta cubano Rubén Martínez Villena transitó hacia la inmortalidad hace 82 años, cuando un 16 de enero la tuberculosis sentenció su fructífera vida.

A pesar de tener descendencia de un marquesado legítimo por parte materna, el muchacho habanero heredó más la honradez y modestia, gracias a la esmerada educación de sus padres, quienes supieron inspirarle el carácter enérgico, la bondad y el sentido del deber patrio.

Complaciendo las añoranzas de su madre, Villena se convierte en abogado, profesión que le permite defender al joven Julio Antonio Mella, acusado por agravios a Alfredo Zayas, uno de los presidentes de la neocolonia y contra quien, anteriormente, arremetiera el propio letrado al denunciar en la Protesta de los 13, el fraude del Gobierno en la compra-venta del Convento  de Santa Clara.

Así, el intransigente revolucionario encabeza la pujante generación que, con la guía del pensamiento martiano, se dispone a defender la soberanía nacional.

Por ello comienza a fungir como maestro en la Universidad Popular José Martí, para enseñar a leer y a escribir a analfabetos, desamparados y obreros, una labor que como dijera él en su primer artículo pedagógico: era “una forma de hacer patria”.

De igual forma, asume responsabilidades en la Liga Antimperialista, el Partido, La Falange de Acción Cubana, el Movimiento de Veteranos y La Liga Anticlerical, organizaciones en las que mostraría la cumbre de sus sentimientos patrióticos, ya expresados con anterioridad en poemas que escribiera a Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Carlos Manuel de Céspedes y al Apóstol de la independencia.

Esa pasión por la poesía, las décimas, el cuento y el ensayo, reflejan su amor por la mayor de las Antillas; el sufrimiento de estar desterrado; lejos de su esposa Asela Jiménez y su pequeña hija Rusela, y su preocupación por la enfermedad que padecía y que no tenía cura.

Versos como: “te compuse un soneto de mis besos y lo grabé en tu cuerpo con mis labios”, o  “ven, por piedad antes que muera: ¡el alma está esperando de rodillas!”, muestran  sus aptitudes de poeta y reflejan sus vivencias.

Apasionado, como en sus rimas y ya enfermo de muerte, Villena lidera la huelga general que derroca al dictador Gerardo Machado en 1933, y cumple con su poema Presagio de la burla  final, que escribiera 12 años antes de su fallecimiento:

“Yo tengo la absoluta seguridad que un día,

cuando ya no me resten fuerzas para marchar,

cruzará mi camino la verdadera vía

orientada a la gloria que pude conquistar…”

Hacia esa gloria eterna, el 16 de enero de 1934 partió Rubén Martínez Villena, quien, a 82 años de aquel día sigue iluminando, con brillo único, a las nuevas y futuras generaciones de revolucionarios cubanos. (Foto: Archivo)

(En este artículo se utilizaron versos de los poemas de Rubén Martínez Villena: El mejor soneto, Reclamo  y Presagio de la burla final.)

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