Martí está en Guatemala y la ha conquistado: las casas de las familias de más renombre están abiertas para él, a pesar de que había expresado, pesaroso: «Vengo a ahogar mi dolor por no estar luchando en los campos de mi patria, en los consuelos de un trabajo honrado, y en las preparaciones para un combate vigoroso». El, ciertamente, no esperaba tanto. Pero se entrega abierto, franco, cordial, sencillo, a todos los que le profesan amor, como José María Izaguirre y el general García Granados. Se convierte en profesor en la Escuela Normal, en la Academia de Niñas de Centro América, y en esta fecha, es nombrado catedrático de Literatura Francesa, Inglesa, Italiana y Alemana, así como de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guatemala.
