En Barcelona, segunda ciudad en importancia en el reino de España, la primera organización obrera en surgir fue la Asociación de Tejedores a Mano, fundada en 1840 por el obrero tejedor José Munts. En 1854 esta se unificó a otras similares en Cataluña, en la primera federación de Sociedades Obreras, que adoptó el nombre de «Unión de Clases». Los intentos del Gobierno y de la burguesía, tendentes a impedir el desarrollo del movimiento de sociedad obrera, fueron inútiles. A la suspensión de la «Unión de Clases», respondió el proletariado de Barcelona, el 2 de julio de 1855, con una huelga general, en la que participaron más de 40 mil obreros y que fue la primera que registra la historia del país, por el derecho de asociación y por la reducción de la jornada laboral, la supresión del trabajo infantil, el reconocimiento de los sindicatos y aumento salarial. El conflicto se extiende a toda Cataluña, principal centro industrial y dura hasta el día 11. El lema de la huelga fue «Asociación o Muerte». La «Unión de Clases» publicó un manifiesto en el que, dirigiéndose a la clase obrera de cataluña se le exhortaba a sumarse a la acción huelguística. Se envió una comisión de trabajadores a Madrid para entrevistarse con el regente, general Baldomero Fernández Espartero y conseguir el reconocimiento de derecho de asociación, la que no fue concebida. En tanto, en Barcelona la autoridad militar aplicaba severas sanciones: prisión, deportación, castigos corporales y amenazas de pena de muerte.
