Por Gladys D. Morera Cordero/ Radio Cadena Agramonte.
Juventud, divino tesoro… suelen decir quienes hoy peinan canas. Y es cierto, ser joven es una de las mejores etapas de la vida, pero también exige compromiso.
Como muchos, soy de las que piensa que el presente que vive nuestro país y la compleja situación por la que atraviesan América Latina y el mundo, pone a los jóvenes cubanos una altísima responsabilidad: tenemos el reto de mostrar que es posible construir una sociedad como la nuestra, con un modelo que pone al ser humano en el centro de cualquier proyecto.
Es cierto que no somos la generación fundadora de la Revolución cubana, heredera de los patriotas de las guerras por la independencia, quienes nunca claudicaron en el empeño de lograr una Cuba libre; pero somos su continuidad, y arribamos a un nuevo 4 de abril con mucha fuerza, optimismo y ganas de trabajar y sumar ideas para contribuir al desarrollo económico y social del país.
La Unión de Jóvenes Comunistas es heredera y continuadora de las tradiciones de lucha de los cubanos y constituye la principal cantera para el ingreso a las filas del Partido Comunista de Cuba.
Tenemos un compromiso con la Revolución, nadie lo dude.
Muchos son los muchachos y muchachas con valores admirables en industrias, oficinas, campos, escuelas, hospitales… Varios están entre los más sobresalientes de sus colectivos u ocupan puestos de dirección y jamás dicen “no puedo”, a pesar de la complejidad de los retos.
Eso es precisamente lo que se espera de las nuevas generaciones, la alegría, pero también la firmeza y la unidad para defender la continuidad del Socialismo en Cuba.
Debemos demostrar siempre dedicación y capacidad para alcanzar más triunfos, con inteligencia y fidelidad a las esencias. No importa si algunos se hacen los pinchos en el pelo, usan pantalones a la cadera o prefieren el reguetón. Lo más significativo es el orgullo inmenso de ser cubanos y el deseo de aportar.
Eso implica disposición, valor y ansias permanentes de superación en lo personal y colectivo, evitar el sedentarismo intelectual para ser también mejores ciudadanos, no unos que solo aprueben o critiquen, que aplaudan o bajen la cabeza, sino que piensen, reflexionen y, sobre todo, que busquen soluciones y las conviertan en realidad, junto a las personas de más experiencia, con pleno conocimiento de la Historia y apego a los ideales y ejemplo de nuestros héroes y mártires.
Toca entonces a la organización política juvenil trascender las reuniones, hacer de los intercambios espacios constantes para el diálogo, promover —porque lo necesita— el crecimiento activo en sus filas.
Mejor no aplazar las deudas. No habrá ocasión más propicia para empinarse que este aniversario 55 de la UJC.
Somos los jóvenes los protagonistas. Somos los que tenemos en nuestras manos la continuidad de la obra de Fidel, quien en junio del 2007 aseveró: «Si los jóvenes fallan, todo fallará. Es mi más profunda convicción que la juventud cubana luchará por impedirlo. Creo en ustedes».
Y esa fe del Comandante en Jefe en nosotros es la mayor motivación para no faltar al compromiso con la Patria.
