Por Yudyth Villafranca/ Radio Cadena Agramonte.
La discriminación racial es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad desde hace mucho tiempo; incluso, en otras épocas, era asumido como un fenómeno normal, hasta por quienes eran víctimas de ella.
Pero, ¿a qué llamamos discriminación racial? Pues a cualquier trato excluyente basado en las características físicas de las personas como el color de piel, las facciones, la estatura, la forma del cabello, el origen cultural, los hábitos, costumbres, las formas de vida, el idioma y las creencias.
Visto de esa manera, el concepto de raza se utiliza para clasificar a los seres humanos basándose en una supuesta inferioridad causada por las características innatas fenotípicas, corporales o biológicas.
Estoy plenamente consciente de que el pensamiento humano ha evolucionado bastante, como para permitir, en pleno siglo XXI, la resignación y tolerancia hacia cualquier manifestación de xenofobia. Sin embargo, existe, y cada vez con más fuerza.
Por ejemplo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lleva a cabo en la actualidad una guerra racial y étnica, un combate hacia todos aquellos que huelan a árabe, a africano o a latino. A esos, si quieren entrar al “país de las oportunidades”, no se le permite; y si viven en él, se les quiere expulsar, como si fueran una enfermedad, como si fueran inferiores, como si no fueran seres humanos.
Eso me hace recordar un movimiento político- social, nacido en Italia en la década del 20 del pasado siglo, de la mano de Benito Mussolini. Me refiero al Fascismo.
Muchos se preguntarán por qué relaciono al racismo con el fascismo; pues sí, tienen mucho que ver.
La doctrina fascista en Italia, por ejemplo, llevó a que se desarrollaran y promulgaran medidas de discriminación y de persecución hacia todas aquellas personas que fueran o estuvieran en relación con los judíos italianos.
Dicha legislación dio lugar no solo a que se llegara a hablar de una raza italiana pura, sino también a que se abrieran campos de concentración donde los judíos eran recluidos, sometidos a trabajos forzosos, a todo tipo de torturas y abusos e incluso, algunos de ellos, fueron también asesinados.
En Alemania, el fascismo estuvo y está asociado al nazismo. Dicho movimiento tuvo un fuerte componente racial, que promulgaba la superioridad de la raza aria y buscaba el exterminio de otras colectividades, como los judíos, los gitanos y los negros.
En ese sentido, surgieron similares, como el régimen segregacionista que nació oficialmente en Sudáfrica en 1944, denominado Apartheid; y en Estados Unidos el Ku Klux Klan, en el siglo XIX, justo después de la Guerra de Secesión.
El racismo no es cosa del pasado, se sufre también en el presente. ¿No es eso lo que prometió el “señor” Trump en su campaña presidencial y está llevando a cabo con mucho gusto? ¿Cómo debe llamarse a esa repulsión que promueve el presidente estadounidense hacia lo extranjero? Yo sé: Fascismo a la Americana.
Acciones como esas hacen pensar que no hemos evolucionado como humanos lo suficiente.
En octubre de 1966, el 21 de marzo fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial.
Empecemos por casa a luchar contra esa enfermedad que se llama racismo y no permitamos que nuestros pequeños desprecien a otros por su color, o su procedencia; así tendremos una sociedad más avanzada, un futuro mejor.
Enseñemos y practiquemos con el ejemplo que no existen razas, pues como escribió nuestro Martí: “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro”. (Foto: PL)
